viernes, 6 de julio de 2012

Armas de los Incas

El ejército Inca, formado por contingentes de diversas latitudes y etnias del Imperio, utilizó con destreza las diversas armas conocidas en el mundo Andino. La variedad se debió en un inicio a la naturaleza del terreno y al acceso de los materiales para su elaboración, por esta razón hubo preferencias por determinados tipos de armas.

Los cusqueños y de las comarcas próximas tuvieron preferencia por la honda (Waraca), la porra estrellada pequeña (Champi) y la grande (waman Champi) y una especie de hacha (cuncacuchuna); los collas preferían usar los ayllos o liwi; los wancas por su parte usaban las lanzas (chuqui); los cañaris por las porras de Chonta (Winomacana); los andes por los arcos (picta) y flechas (wachi), y los condesuyos por una especie de espada de madera (wino).

Por las evidencias arqueológicas e históricas se conoce el uso del casco de madera o metal llamado wamachuco, para protegerse la cabeza y para proteger el cuerpo fue la adarga (wallcanca) o rodela (pullcanca) ambos son una especie de escudo, confeccionada generalmente de cuero y madera, con decoraciones que mostraban sus emblemas, además de jubones que es una vestidura que cubre desde los hombros hasta la cintura, acolchados de algodón (checchipacha), como protección contra las flechas y dardos.

El Inca y los capitanes usaban una especie de armadura de cuero o metal (tacasca quellay uncu), y todas las mantas delgadas envueltas al cuerpo (llapsa llapsa), petos de metal (pura pura) y otros para cubrir la espalda.

Como armas defensivas colectivas pueden considerarse las talanqueras (curco quencha) y paveses grandes, usados a modo de sombrilla en el asalto a los fuertes. 


Armas ofensivas (aucanacuna o Wañuchinacuna)

Lanza (chuqui)

Se fabricaba de madera dura y fue una de las armas más importantes del ejército Inca. Los lanceros llevaban como arma auxiliar, un garrote (macana), una honda (waraca) o una espada de madera de dos filos (wino). Usaron lanzas pequeñas (uchuy chuqui) o wachina chuqui, medianas (chuqui)  y largas (watuchac chuqui) que medían entre cinco a seis metros, que los españoles denominaban "picas".

La lanza con borlas se llamaba chasca chuqui y la que tenía plumas se denomina yahua chuqui. Los tamaños, grosor y decoraciones variaban según las regiones de los cuatro suyus que las fabricaban. 

Porra (Macana o sacmana)

Nombre que recibieron todas las armas contundentes, una de ellas es la wino (huino), especie de espada ancha de madera y que su fabricación está hecha de palma o de chonta.

Otros tipos de porras son los champis o waman  champis que consistía en una lanza cuya punta tenía en forma de estrella hecha de cobre.

Alabarda o partesana Inca (cuncacuchuna champi)

Fue el símbolo real de los incas, "hacha de armas", era un mástil de casi dos metros de largo que tenía una cuchilla de metal en una parte y en la otra una punta de diamante.

Boleadora (ayllo o liwi)

Fue el arma preferida por los pueblos del altiplano o meseta del Collao, esta boleadora eran dos piedras redondas, un poco menos del tamaño de un puño humano y atada a una cuerda delgada cuyo medición pueden llegar hasta 70 centímetros cuyo objetivo era tirar a los pies del enemigo.

El arco (peqta o wachina) y la flecha (wachi)

El uso de esta arma fue bastante limitado entre los pueblos andinos. Los inca tuvieron en su ejército excelentes flecheros procedentes del andesuyo, quienes fueron empleados eficazmente en los lugares tropicales y boscosos, contra la caballería hispánica durante los años de la guerra de reconquista.

Los soldados (aucarunas) incas lanzaban una flecha con tanta fuerza que apenas hay arma que no rompa y pase; eran tan diestros y certeros que lanzaban al aire y daban en el blanco. El arco era generalmente de chonta con cuerda de cabuya u otro material elástico y algunos eran del tamaño de un hombre. Normalmente los incas no usaron venenos en sus flechas.

Dardo o azagaya (wachina chuqui o uchuychuqui)

Se trata de un arma antigua y generalizada en el continente americano, consistía en varas con puntas tostadas o armados con espinas de pescado; algunas para causar más daño tenían al final forma de tridente o fisga.

Los dardos eran lanzados por un artificio que los españoles llamaron amiento, estólica, tiradera o trancahilo. En el mundo andino estas armas fueron rígidos y tuvieron las más diversas formas y decorados, según las evidencias arqueológicas era una vara de madera, en cuyos extremos hay un pequeño gancho sobre el que se apoya la parte posterior del dardo,de modo que éste y el propulsor quedan paralelos. El dardo es impulsado violentamente por el gancho, al ser proyectado desde arriba del hombro hacia adelante con todo el rigor del brazo.

Honda (waraca)

Fue una de las armas más usadas por el ejército inca. Los soldados destacaron por la puntería y la fuerza con que arrojaban los proyectiles de piedra. En algunos casos las hondas se lanzaban con piedras incendiarias en el ataque a los pueblos. En las batallas las piedras podían ser del tamaño de huevo de gallina que al impactar con un caballo o  a su jinete le causarían la muerte, los proyectiles caían como si fuera un granizo de piedra. 

Bala de piedra (pururauca)

Eran piedras redondas de regular tamaño utilizadas para defender las fortalezas. Estas balas de piedra se soltaban de lo alto de los fuertes contra los atacantes. El uso de las balas tenían más un carácter mágico que bélico. 

Piedra arrojadiza o perdida (apaycha)

Arma de una sola cuerda terminada en piedra, llamada apaycha, actualmente lo usan con el nombre de wichi wichi en la provincia de Canas (Cusco), para las fiestas deportivo-marciales del chiaraje (batalla ritual andina). 

Cuchillo andino (tumi)

Es un cuchillo de cobre ceremonial, cuyo mango es de forma trapezoidal o rectangular, su hoja cortante tiene un aspecto semicircular donde el lado curvo es el que tiene el filo y el lado recto es perpendicular al mango.

Garfios (chiwi chiwi)

Arma especial con garfios atados con soga, que se utilizaba para trepar las paredes de las fortalezas o fuertes. 

Galgas (cumpa)

Piedras de gran tamaño llevadas hasta los bordes de las cimas para desprenderlas contra los enemigos a su paso por estrechos desfiladeros, ideal para ataques de sorpresa. Esta forma de ataque ha sobrevivido hasta nuestra época, pues durante la guerra con Chile (1879-1883) fue empleada por los guerrilleros de Andrés Avelino Cáceres durante la campaña de la Breña, concretamente en el paso de Sierralumo (Junín).

Masa (Winomacana)

Arma considerada dentro del grupo de las contundentes macanas; tenía la forma de un bate, aunque más voluminosa, era empleada a una o dos manos. Algunas llevaban incrustadas puntas de metal o de pedernal. 

Armas defensivas (wallcancacuna o pullcancacuna)

Casco, morrión o capacete (wamachuco o tanca)

Se utilizaba para proteger la cabeza del guerrero, contra armas contundentes y proyectiles de piedra. Su fabricación y decoración variaba según las regiones. Generalmente se hacían con tablillas fuertemente unidas; los de metal se denominaban quellaychuco, los de cuero carachuco , los de otros materiales pasanochuco. 

Los cascos del inca y de sus capitanes llevaban distintivos de jerarquía. El del Inca tenía en la parte delantera la borla carmesí  y estaba decorado con plumas de colores, destacando tres en al parte central, que probablemente eran de corequenque.

los humachucos eran capacetes grandes que cubrían la cabeza, hasta el borde de los ojos y estaban hechos de madera muy bien entrabada con mucho algodón, capaces de resistir las piedras o golpes de champis o macanas.

Adarga o rodela (Wallcanca o pullcanca querar)

Estos artefactos de protección personal contra las armas contundentes, flechas, lanzas y azagayas; se elaboraron de cuero muy duro y también de tablillas muy juntas y generalmente decoradas con plumas. Aunque regularmente fueron circulares u ovaladas, los incas usaron los rectangulares con unos flecos largos en la parte inferior. Las adargas grandes, que cubrían gran parte del cuerpo, se llamaba marca querar, su uso fue privilegio de los capitanes.

Peto (pura pura)

Fue un pectoral de metal, plancha grande para proteger esta parte del cuerpo, razón por la que también se le llamaba "guarda pechos". Para entrar en la batalla se cubrían el pecho y la espalda con petos de oro y plata, los soldados de menor rango utilizaban el cobre. 

Mantas de algodón (llapsa llapsa)

Eran delgadas e iban ceñidas al cuerpo del combatiente con muchas vueltas. Usaban también   jubones o sayos embastados de algodón; checchi pacha.

Con respecto a las defensas colectivas podemos señalar a las trincheras (aucaypi quencha); las talanqueras (curcuquencha o curcuta carpuycusca) que eran vallas construidas con estacas de madera; las fortalezas o fuerte (pucara o quespina); y los paveses podían proteger a más de cien personas y que se utilizaban para tomar fuertes. También utilizaron las escaleras llamada chacana para abordar las fortalezas.

Otras armas de los incas

Ayri: Hacha fina para cortar
Lluqui: Daga
Pucuna: Cerbatana
Qachua: Porra para desterronar, eventual arma contundente
Qara chucu: Casco de cuero
Suru chuqui: Cierto tipo de lanza
Toqsina tarpuna, takaycuna: Daga, puñal, punzón
Yawa chuqui: Lanzas con plumas 
Walcanga: Especie de rodela con empuñadura, colgada al cuello
Anta ñauchi: Lengüeta de cobre templado sobre otra lanza menor
Aucana cushma: Jubón enfundado de algodón y estopa, capaz de quitar los filos de las flechas
Estólica: Arpón o dardo arrojadizo de 40 centímetros de largo que consta ne dos partes: La cumana, donde hace coz el arpón y wachi, el arpón mismo
Chingana: Puñalón 
Waicapa: Porra pequeña arrojadiza como martillo
Hatun taqui: Tambor de guerra
Quipa: Trompa de madera
Churu: Trompa de aviso de caracol marino
unancha: Bandera
Wactana: mazo pesado de madera

Mantenimiento de las armas

Esta función no tuvo mayor desarrollo pues la simplicidad de las armas y equipos del ejército inca, así como su poca diversidad no requirieron de actividades especiales ni mucho menos de un personal asignado para fines de mantenimiento.

El mantenimiento fundamental, llamado orgánico de primer escalón, fue el predominante y quizás el único. Cada usuario mantenía sus armas y el escaso equipo de que disponía; a pesar de ser abastecidos por los depósitos, cada unos fabricaba sus propias armas y algunos artículos de su indumentaria. 

Las necesidades del inca y los altos comandos exigían de la participación de personal especializado para el mantenimiento orgánico, debido no solo a que utilizaba mayor número de artículos como andas (rampa), hamacas (wantu), toldos o carpas mayores, armas, insignias, etc. que requerían de limpieza y reparación sino que no era usual  que tuvieran que hacerlo personalmente. Aquel estaría considerado como un apoyo administrativo. 

El mantenimiento de caminos, puentes, aposentos, depósitos, etc. no era responsabilidad del ejército inca sino de los funcionarios de la administración dentro de los límites de sus jurisdicción. 












miércoles, 27 de junio de 2012

Las guerras civiles entre los conquistadores

Por lo general se habla, en la historia tradicional de "Guerras civiles entre los conquistadores", un concepto que no es aplicable, debido a que una guerra civil es un conflicto entre vastos sectores de un país y en su propio territorio. Los conflictos ocurridos entre los bandos militares  que participaron en la invasión al Tawantinsuyu (pizarristas y almagristas), solo representan pugnas de intereses en el mismo sector español, por la repartición de los tesoros, territorios y poblaciones, asaltadas por las huestes hispánicas.

No existen diferencias ideológicas, ni diversas propuestas en el sistema económico feudal que ambos bandos pretendían implantar. José Carlos Mariátegui nos dice: "los conquistadores no se preocuparon sino de distribuirse y de disputarse el botín.....se repartieron tierras y hombres".

La repartición de tierras, así como las encomiendas (repartición de los grupos de nativos sometidos a la servidumbre feudal en beneficio del encomendero), se produjo de manera irregular y sin equidad alguna.

Pizarro, sus hermanos y sus allegados favoritos, recibían siempre la mejor ubicación, relegando a los almagristas; gracias a la Capitulación de Toledo, que se dio un 26 de junio de 1529, que autorizaba a Francisco Pizarro asumir la gobernación de las encomiendas y tierras en la 200 leguas del sur del actual Ecuador y que alcanzaba aproximadamente hasta Mala y Cañete (Lima); pero en 1534, por instancias del Consejo de Indias y con la firma del rey Carlos I se redefinió tal autorización, ampliándole a Francisco Pizarro 70 leguas más hacia el sur en lo que ahora es Chincha (Ica) y concediendo autorización de 200 leguas desde Chincha hacia el sur  a Diego de Almagro.

A la gobernación de Pizarro se le llamó "Nueva Castilla" y a la de Almagro "Nueva Toledo". El Consejo de Indias, organismo especializado de la Corona española para la administración y defensa de sus intereses en las colonias, no contaba con los medios tecnológicos para definir si la ciudad del Cusco, ubicada en el mismo paralelo en que está Chincha, pertenecía a Nueva Castilla o a Nueva Toledo. 

La expedición de Almagro a la actual Chile en 1535, con el apoyo del cusqueño Inca Paullo (hermanos de Waskar), resultó un fracaso. Almagro decepcionado retornó al Cusco en momentos en el que se producía la rebelión de Manco Inca (1537) y el cerco del Cusco. Su regreso resultó oportuno para los pizarristas y determinante para que Manco Inca tomara la decisión de retirarse a Vilcabamba por los miles de nativos cañaris y chachapoyas que respaldaban a Almagro. Sin embargo Almagro no había vuelto al Cusco para apoyar a los hermanos Pizarro, sino para exigir la posesión del Cusco, produciéndose el primer conflicto entre los invasores españoles.




La guerra entre los gobernadores (1537-1538)

Este conflicto se produjo para apoderarse de los territorios, riquezas (oro, plata), campos fértiles y conseguir mejores encomiendas. La causa que desencadenó esta disputa entre pizarristas y Almagristas fue la posesión de la ciudad imperial del Cusco. 

Los principales hechos y conflictos son:

  • Batalla de Pachachaca (2 de julio de 1537) en Abancay: El triunfo fue de los almagristas, quienes se posesionaron del Cusco y capturaron a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro; éste último logró fugar. 
  • Entrevista en Mala: Pizarro y Almagro llegan a un acuerdo temporal, hasta que llegue de España un juez de Comisión  para dar una solución definitiva al conflicto. Pizarro de momento aceptaba la posesión del Cusco por el gobernador de Nueva Toledo (Almagro), a cambio que liberen a su hermano Hernando; Almagro cumplió con lo solicitado. 
  • Batalla de las Salinas (6 de abril de 1538) en Cusco: Una vez liberado Hernando Pizarro, se reunió con su hermano; Gonzalo. Juntos organizaron un ejército, desconocieron el acuerdo anterior, derrotan a Almagro y luego lo asesinan decapitándolo.
  • Demora del comisionado del Consejo de Indias (1537-1541): El juez comisionado por la Corona española, fue Cristóbal Vaca de Castro, partió de España con una reveladora cédula Real (orden emitido por el rey de España) que lo nombraba gobernador de estas tierras, cuando aún el desenlace fatal entre Pizarro y Almagro era del desconocimiento del Consejo de Indias. En 1538 Almagro fue decapitado, pero su hijo mestizo Diego de Almagro apodado "El Mozo" y su gente  llamados "Los de Chile", esperaron inútilmente el arribo de Vaca de Castro, hasta acabar sus reservas  y luego pasar a la clandestinidad. Presos por la desesperación, los almagristas decidieron tomar justicia con sus propias manos, con una acción audaz dirigida por Juan de Rada, ingresaron al palacio de Francisco Pizarro y lo asesinaron el 26 de junio de 1541, erigiendo inmediatamente en el cabildo, a Almagro "El Mozo" como gobernador. 
 La guerra entre Vaca de Castro y Almagro, "El Mozo" (1541-1542)

Vaca de Castro había desembarcado en Buenaventura (Colombia) debido a un temporal, allí se enteró del magnicidio y enrumbó a Lima, con apoyo de las tropas de Alonso de Alvarado y Pedro Álvarez de Holguín, iniciando una implacable persecución contra Diego de Almagro "el mozo" y sus secuaces, a quienes derrotó en la batalla de Chupas (Ayacucho), el 16 de setiembre de 1542 y su posterior ejecución. Pedro de Candia traicionó a "el mozo".

Con este triunfo en Chupas, la corona española accedió al control de todo el territorio peruano y anexos, iniciando el proceso de centralización del poder y sometimiento de los encomenderos feudales a la autoridad central. Esto quedó determinado por las Nuevas Leyes de Indias, promulgadas en Barcelona el 20 de noviembre de 1542.

Estas nuevas leyes de Indias se promulgaron con la firma del rey Carlos I. Allí se establecía como efecto de las críticas de Fray Bartolomé de las Casas, supuestamente en defensa del nativo.

Las nuevas leyes se establecía, según la Real Cédula en lo siguiente:

  • La creación de un Virreinato en el Perú
  • Creación de audiencias en su jurisdicción
  • La supresión del carácter perpetuo de las encomiendas
  • La creación de deberes tributarios para pagar a la corona (al convertirse en súbditos los nativos, se inicia el pago de tributos indígena para la corona española).
El marco jurídico de las nuevas leyes era el proceso de centralización monárquico del poder sobre las comunidades de Castilla y los nobles nobles feudales de España, que los reyes Habsburgo venían desarrollando en Europa. Significaban en realidad, una limitación al libre desarrollo del feudalismo en América. Esto motivó a los encomenderos a sublevarse contra la corona y en este caso por el primer virrey, Blasco Núñez de Vela. 

La rebelión de los encomenderos (1544- 1548)

El gobernador Vaca de Castro convivió pacíficamente con los encomenderos y el Cabildo de Lima. En mayo de 1544, llegó al Perú en su reemplazo, el virrey Blasco Núñez de Vela, quien a toda costa se propuso hacer cumplir las nuevas leyes; provocando una gran rebelión por parte de los encomenderos, bajo el mando de Gonzalo Pizarro (el más grande encomendero de la época) y del capitán Francisco de Carbajal, llamado el demonio de los Andes.

Los principales hechos fueron: 

El 16 de octubre de 1544 los mismos oidores (jueces de la Audiencia de Lima) apresaron al virrey Núñez de Vela y lo deportaron por mar, para luego reconocer al procurador del Cusco, Gonzalo Pizarro, como gobernador del Perú, esta hecho contó con el apoyo de los encomenderos e incluso de la nobleza indígena. 

Núñez de Vela fue deportado  a España pero desembarcó en el actual Ecuador  y organizó tropas leales a la corona, pero fue derrotado por los encomenderos en la batalla de Añaquito o Iñaquito el 18 de enero de 1546; siendo decapitado en Quito, de esta manera los encomenderos desafiaron a las autoridades centrales establecida en España e imponer su autonomía. 

En Charcas (Alto Perú), el encomendero Diego Centeno proclamó su lealtad a la corona para obtener beneficios; pero Gonzalo Pizarro envía al demonio de los Andes para perseguirlo y capturarlo. Posteriormente el mismo Gonzalo le da alcance y logra derrotarlo en la batalla de la Huarina (Puno), el 26 de octubre de 1547; pero Centeno decide escapar.

Ante esta rebelión de los encomenderos, el rey Carlos I envió al cura Pedro de la Gasca, con el título de Pacificador y Gobernador.

La Gasca inició en Panamá, los planes para arrebatar a Gonzalo Pizarro todo apoyo, empezó con la flota del Mar del Sur a la cual incorporó al bando real, bajo el mando de Pedro de Hinojosa; luego envió a Lima un comisionado (Aldana), para proclamar la ordenanza de conciliación y arrepentimiento. El propósito era lograr la deserción de los allegados de Gonzalo Pizarro, y unirse al Pacificador La Gasca. 

La propuesta incluía varias ventajas, como extender la duración de las encomiendas y mantener el trabajo gratuito de los nativos, esto hizo que muchos encomenderos rebeldes abandonaran el bando de Gonzalo Pizarro. 

El 9 de abril de 1548 se produjo la batalla de Jaquijahuana, cerca del Cusco, donde los encomenderos que aún apoyaban a Gonzalo Pizarro se pasaron al bando de La Gasca, porque éste los había infiltrado con el apoyo de la iglesia.

Derrotados Gonzalo Pizarro y Carbajal, fueron ejecutados en el Cusco. El cura Pedro de La Gasca se mantuvo en el poder, gobernando hasta diciembre de 1549, año en que entregó el mando a la Audiencia de Lima. 

Para ese entonces, la iglesia en el Perú afianzaba el valioso servicio que prestaba a favor del estado central, proseguía su labor de imposición cultural para asegurar la dominación del nuevo gobierno virreinal en la conciencia del pueblo andino. Fue desde entonces un importante organismo de poder en el Perú, defensor del sistema imperante, importante aliado para el manejo ideológico de las masas andinas sometidas a explotación; la corona española supo siempre recompensar sus servicios. 

La rebelión de Francisco Hernández Girón (1553-1554)

Las promesas de La Gasca a los encomenderos que lo ayudaron a derrotar a Gonzalo Pizarro  no se cumplieron, debido a que la Audiencia de Lima no atendía sus reclamos. Como una esperanza para solucionar sus intereses, llegó en 1551 el segundo Virrey del Perú (Antonio de Mendoza) pero falleció poco después el 21 de junio de 1552. El poder fue asumido nuevamente por la Audiencia de Lima, que incluso ordenó a instancia del primer arzobispo de Lima, Jerónimo de Loayza, el pago por servicios a los indígenas, lo cual constituía una ruptura al compromiso de La Gasca; los encomenderos del Cusco se rebelaron el 12 de noviembre de 1553; capturando al corregidor del Cusco, Gil Ramírez de Ávalos. Su captor era el encomendero Hernández Girón, líder del grupo denominado "los insatisfechos", porque esperaban más recompensas por parte de las autoridades realistas.  


Hechos principales:

La Audiencia comisionó al gobernador interino de Charcas, Alonso de Alvarado para someter a los rebeldes, pero fue derrotado en Chuquinga (Cusco), el 8 de mayo de 1554.

El presidente de la Audiencia, Saravia, encargó a los corregidores la formación de un ejército, el cual derrotó a Hernández Girón en la batalla de Pucará, al noreste del lago Titicaca el 8 de octubre de 1554. Girón fue apresado y llevado a Lima; y por orden de Saravia, fue decapitado el 7 de diciembre de 1554.

Consecuencias del conflicto interno entre los españoles:

  • Consolidación del proceso centralización, a través de la Audiencia de Lima, sobre la derrotada autonomía feudal de los encomenderos.
  • Coexistencia del sistema monárquico de extracción de recursos, especialmente metales  preciosos, para el mercantilismo europeo con el sistema feudal, impulsado en los latifundios por los encomenderos en las provincias, quienes quedaron políticamente sometidos a la autoridad central del virrey y al control de los corregidores de provincias.
  • Fortalecimiento del papel de la iglesia en le proceso de invasión y colonización, mediante mecanismos de control ideológico en la masa andina, inculcándoles resignación y esperanza en la vida eterna. Destruyeron las creencias ancestrales de los pobladores con el fin de frenar la conciencia colectiva de liberación.
  • Desplazamiento de los encomenderos invasores a un segundo plano relegados a provincias, y establecimiento de una nueva casta de burócratas interesados en sus procedimientos administrativos ordenados por el Consejo de Indias, con la consecuente remesa de metales preciosos exigidos por el mercantilismo europeo. 
Estas luchas comprometieron a los indígenas a tomar partido por uno de los bandos, fueron utilizados casi siempre para defender los intereses de ciertos grupos de españoles, como en el caso de pizarristas y almagristas. El principal ganador de esta lucha fue el imperio español, sacando de lado a los encomenderos, creación del virreinato del Perú para apoderarse de  todas las riquezas que el mercantilismo europeo ambicionaba.









domingo, 24 de junio de 2012

La resistencia andina

Tras el colapso del Tawantinsuyu, se produce un último intento del Estado Inca para reconstruir su poder, por desgracia las alianzas que establecieron los españoles con las etnias enemigas de los incas hicieron imposible la expulsión de los europeos. A esto tenemos que añadir que existía una división por intereses particulares entre las panacas de Hurin y Hanan, favoreciendo aún más el expansionismo español en los Andes. 
La lucha por la resistencia fue una acción heroica por personas que han sido por mucho tiempo ignorados por la historia y que en esta oportunidad hablaremos de ellos, sobre su gesta, sacrificio por la libertad y autonomía en el mundo andino.

Tras la invasión española se producirá una sangrienta resistencia andina desde 1532 hasta 1572 en su primera fase, llamada resistencia militar.

Este proceso de resistencia se inició intensamente luego de la ejecución de Atawallpa (Atahualpa), en 1533 y que fue liderada inicialmente por las panacas que respaldaban a Atawallpa,  enfrentándose  a los invasores, a las panacas que estaban con Waskar (Huáscar) y las etnias enemigas de los incas. Ya en 1536 se inicia la resistencia de Manco Inca que es de la panaca de Waskar y que fue respaldado por algunas de las panacas tanto Hurin como Hanan y que finaliza con la ejecución de Thupa Amaro (Túpac Amaru I) en 1572.




Resistencia militar


En los momentos iniciales de la invasión cundió, entre lo pobladores andinos, el desconcierto, la curiosidad, la superstición y la crueldad,  además de las promesas que Pizarro y sus huestes propalaban a lo largo de toda su marcha por los Andes. 
Los españoles reconocían privilegios a los curacas aliados para utilizar sus tropas y recursos, prometieron libertad y autonomía a las etnias sometidas por el Tawantinsuyu y luego restablecer el orden, en nombre divino.

Al ser ejecutado Atawallpa en Cajamarca, Pizarro no dudó en nombrar incas para su propia conveniencia y estrategia política. Nombraron al joven hermano de Waskar, Thupa Wallpa  (Túpac Huallpa) más conocido como Toparpa, para reconocer los Andes desde Cajamarca hasta el Cusco, capital del Tawantinsuyu, en ese lugar se encontraba el templo del Coricancha (recinto de oro), cuya descripción había avivado la codicia de los españoles.

La marcha hacia la capital del Imperio (Cusco)


El 11 de agosto de 1533, los españoles partieron al Cusco con el apoyo de cientos de nativos nicaragüenses, tallanes y esclavos negros. Por otra parte los atahualpistas seguían de cerca las acciones de Pizarro y sus aliados. En las cercanías de Huánuco Viejo, el ejército de Atawallpa atacó a la vanguardia española. Al frente de los guerreros incaicos estaba Yurac Wallpa, capitán atahualpista, quien volvió a hostilizar a los españoles en Vilcaconga y en Vilcashuamán (Ayacucho).

En Jaquijahuana, los españoles perdieron a su inca títere, Thupa Wallpa, siendo envenenado, ante las crecientes exigencias españolas y poniéndose en contra de Pizarro; esta situación fue aprovechado por los españoles asesinando al general atahualpista Calcuchimac, a quien tenían apresado, culpándolo del crimen. 

En noviembre de 1533, Manco Inca se presentó ante Pizarro en Sacsawara (Cusco). Los españoles vieron a Manco como su nuevo títere y que los llevaría a la capital imperial, con astucia lo convencieron que podía confiar en ellos  quemando vivo al general atahualpista Quisquis.

El 15 de noviembre de ese mismo año, los españoles ingresaron a la capital del Tawantinsuyu, por el cerro Carmenca. Lo primero que hicieron fue saquear el templo del Coricancha y flagelar a la mujeres.




En 1535, Pizarro y sus huestes se retiraron a la costa, donde fundaron Lima como capital, dejaron el Cusco a manos de los hermanos Pizarro, éstos saquearon la panaca de Manco, también tomaron a la fuerza a su esposa, la coya Mama Cora.

Para controlar a la población los españoles fundaron ciudades que cumplieron un doble papel; de tipo administrativo y militar. 

La primera de esas ciudades fue Piura en 1532, luego le siguió Cusco (1534), posteriormente se fundó Jauja en 1534 como capital de la gobernación de Francisco Pizarro; pero por problemas de carácter económico, político y militar dejó de serlo; fue el valle del Rímac, la ciudad de Lima, se fundó como la nueva capital, el 18 de enero de 1535; después de una sangrienta guerra contra los guerreros del curaca Tahulichusco, quien por su edad avanzada no gobernaba; fue Guachimano el encargado de gobernar el curacazgo de Lima. Posteriormente se fundó las ciudades de Trujillo (1535), Chachapoyas (1538), Huamanga (1539) y Arequipa (1540).

La ciudad de Huamanga, llamada San Juan de la Frontera servía para contener la ofensiva de los incas de Vilcabamba, asegurar la comunicación Lima-Cusco. Con respecto a la la ciudad de Lima, Pizarro decidió que fuese ahí por tener acceso a una salida al mar, compensar la influencia de Almagro que pensaba fundar su capital en Chincha, contar con un punto intermedio entre Trujillo y Cusco.

La rebelión de Manco Inca

En mayo de 1536 se inició el levantamiento de Manco Inca ante los abusos de los hermanos Pizarro, para ello convenció a Hernando Pizarro que lo deje viajar al valle de Yucay para traer una estatua de oro, Hernando le da permiso, pero le trajo un poderoso ejército para enfrentarse a los españoles. Los guerreros de Manco cercaron la ciudad por cinco días, ante esta situación inesperada los españoles utilizaron miles de nativos aliados: Huancas, aymaras, etc. logrando contraatacar y tomar la fortaleza defendida por el capitán inca Titu cusi wallpa, más conocido como Cahuide.

A esto sumamos la participación oportuna de Diego de Almagro y su ejército que hicieron posible recapturar el Cusco, incluyendo la fortaleza de Sacsaywaman, en esta batalla murió Juan Pizarro, y en venganza Hernando Pizarro, mandó a ejecutar cerca de dos mil prisioneros, pero aún así la rebelión no se detuvo.

Entre tanto, el general Kisu Yupanqui por ordenes del Inca (Manco inca) una estrategia, con rápidos ataques, que permitió derrotar sucesivamente a los españoles Gonzalo de Tapia, Diego Pizarro, Juan Mogrovejo, Alonso de Gaete y Francisco Godoy (este último dejó abandonada la ciudad de Jauja y escapó hasta llegar a Lima).

En agosto de 1536, el general Kisu Yupanqui, con 20 mil hombres, acampó cerca al cerro San Cristóbal, llegando a cercar Lima en espera de la llegada de los huancas que habían prometido su apoyo; sin embargo los traicionaron. El general Inca ingresó solo con su ejército, desde el cerro San Cristóbal hasta la Plaza Mayor, donde se produjo el enfrentamiento. El general inca fue degollado, luego de su derrota. Es irónico que el lugar donde fue abatido Kisu Yupanqui y su ejército se encontraba hasta hace unos años el monumento de Francisco Pizarro. La cruz que se encuentra en el cerro San Cristóbal es el símbolo del triunfo español contra la resistencia andina
En 1537 llegó el mariscal Alvarado con refuerzos, además de la presencia de Almagro con un contingente de mitimaes chachapoyanos y cañaris, lo cual obligó a Manco Inca retirarse a Ollantaytambo y posteriormente a Vilcabamba, lugar donde continuó la resistencia por más de tres décadas.

La resistencia de Vilcabamba

Manco Inca se trasladó en la región ceja de selva del Cusco, en una zona escabrosa y tupida vegetación con los remanentes de su ejército, en espera de condiciones propicias para el contraataque.

Lamentablemente fue timado por los españoles, recibió a los almagristas, derrotado en el conflicto interno con los pizarristas en la batalla de las Salinas, devolvieron dicha gratitud asesinando al inca (Manco Inca).

Tras la muerte del inca rebelde, sus hijos Sayri Thupa, Titu Kusi Yupanqui y Thupa Amaro I asumieron la dirección de la resistencia desde Vilcabamba. 

En 1557, Sayri Thupa recibió una propuesta de los españoles, a través de Juan de Sierra, quien convenció al Inca para que lo acompañe a Lima, para hacer un pacto con el virrey Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. Sayri Thupa reconoció como soberano a Felipe II, a cambio de prebendas y dominios feudales en Yucay, pero nunca disfrutó de ello, pues murió en 1560.

Titu Kusi Yupanqui, poco después reinició la resistencia militar con ataques a los encomenderos de las riveras de los ríos Urubamba y Apurímac; pero en 1565, el oidor Juan de Matienzo sorprendió con un ardid a Titu Kusi; consistió en una oferta de paz suscrita, en 1566 en el pueblo de Acobamba, se reconocía como legítimo Inca de Vilcabamba a Titu Kusi Yupanqui, a cambio de recibir a unos frailes, espías y misioneros. Este acuerdo tenía como único propósito localizar exactamente el refugio del Inca y de ser posible eliminarlo. 

En 1571, Titu Kusi Yupanqui murió, aparentemente siendo envenenado por los frailes españoles, siendo ajusticiados por la gente de Titu Kusi. El fraile Diego Ortiz fue martirizado con crueles tormentos luego fue degollado con el resto de los frailes.

Su hermano (Thupa Amaro) consciente de lo sucedido, rompe la paz de Acobamba y se reinicia la resistencia militar. Es así que el virrey Francisco de Toledo decidió terminar con la rebelión de una vez por todas, encomendó en mayo de 1572, a los generales Martín de Hurtado y Luis de Toledo, aplastar al Inca y su corte. Después de las batallas de Cuyaochaca y Wayna Pucará, en la que resultaron victoriosos el ejército español, tomaron Vilcabamba, que previamente fue incendiada y abandonada por ordenes del mismo Inca, quien trató de refugiarse en la selva, pero fue traicionado y entregado por el curaca Manarie a los españoles, quienes lo decapitaron en la plaza del Cusco en 1572, en presencia del virrey Toledo; lo sucedió Juana Pillco Huaco, quien tuvo como descendiente a José Gabriel Condorcanqui, quien en el siglo XVIII, asumió la conducción de la resistencia andina a gran escala con el nombre de Thupa Amaro (Túpac Amaru) II.

La resistencia ideológica

La invasión española al Tawantinsuyu dio paso a la imposición religiosa, para perpetuar la dominación mediante mecanismos ideológicos, proponiéndose destruir la cosmovisión andina para subordinarlos a la religión católica.
La penetración ideológica se juntaron tres fenómenos:

a) Dominio cultural: Fue el proceso ideológico para destruir la cosmovisión andina, el sistema de creencias, ritos, formas de organización y tradiciones culturales. La estrategia consistía en transplantar e imponer la cultura y religión de los invasores (transculturación) y así contar con los mecanismos de control ideológico sobre las masas del pueblo andino.

Se inició la extirpación de idolatrías, los sacerdotes visitaban con apoyo militar a los pueblos para quemar todo símbolo cultural andino, principalmente las huacas (lugares sagrados) e ídolos.

los extirpadores de idolatrías eran los curas Ávila, Bernardo de Noboa, Cristóbal de Albornoz y otros que se empecinaron en la destrucción de las creencias como el culto a las huacas; afirmaban que estaban consagradas al diablo y que no existía conciliación entre el dios de los españoles y los demonios andinos de las huacas, su lema era " Estáis con dios o con el diablo".

b) La asimilación cultural: Es un nuevo sistema de creencias que surge a partir del contacto de dos sistemas culturales diferentes con predominio español, es decir la cultura andina recibe una influencia externa, modificándolo y sometiéndola a sus parámetros culturales y que hoy se ven hasta nuestros días. Por ejemplo los ritos ancestrales del rutuchikuy y el huarachikuy, como símbolo de transición e iniciación para niños y adolescentes, respectivamente, se fusionaron con el bautismo y la confirmación; también las fiestas patronales quedaron superpuestas con las celebraciones de la cosecha y el chaku (chaco). Lo mismo pasó con la música, instrumentos como el charango, el arpa, violín, etc. fueron incorporados al arte musical, lo mismo pasó con los alimentos ofreciendo una mixtura que sumada a otras etnias nuestra comida peruana es una de las más apreciadas del mundo. otro ejemplo claro que revive nuestra fusión cultural, es la procesión del Señor de los Milagros tiene sus orígenes en los aborígenes creyentes del dios Pachacamac (Señor de los Temblores), infundieron sus creencias a los mulatos supersticiosos, quienes pintaron un mural con la imagen de Jesucristo, pero que en realidad adoraban a sus propios dioses, creándose una síntesis religiosa de gran arraigo popular subsistente.  

c) Resistencia cultural: Frente a la agresiva imposición religiosa realizada por los extirpadores de idolatrías, impulsó la aparición de movimientos de resistencia ideológica. Como lo hizo Hernando Hacaspoma de Cajatambo (1657) afirmaba ser sumo sacerdote y ministro de ídolos y socaypacha (curandero). Enseñaba el dualismo religioso, planteando que había un dios y una religión para los blancos y otra para los nativos, estos últimos debían honrar a las huacas y a los malquis (momias y espíritus de sus antepasados); sin embargo Hacaspoma aconsejaba a los comuneros asistir por cumplimiento a los servicios dominicales, para no despertar sospechas en los curas españoles. El mecanismo de resistencia ideológica era establecer una diferencia entre la ética cristiana y la ética andina. Si bien participaban en los ritos católicos, existía un fuerte rechazo a la doctrina cristiana. 

En otros caso, las diversas formas de asimilación cultural solo fueron un disfraz para conservar las tradiciones andinas y el espíritu de resistencia frente a la agresión militar e ideológica de los españoles.

El más importante movimiento de resistencia ideológica andina del siglo XVI fue el del Taki Onqoy que se traduce al castellano como "canto de dolor o danza de la enfermedad". Este movimiento estalló en Ayacucho y Andahuaylas en 1565. Su líder fue Juan Chocne, junto a dos mujeres andinas llamadas Mama Oqllo y Mama Wako, quienes tomaron los nombres de Santa María y María Magdalena, respectivamente.

A pesar de una intensa campaña de cristianización forzada y destrucción sistemática de la cultura andina, subsistió una parte de los cultos, creencias, mitos, ética, etc. pero revestidas con formas cristianas católicas. El autodidacta José Carlos Mariátegui, decía: "El protagonismo indígena subsistió bajo el culto católico".

Otro efecto fue el surgimiento del mito Inkarri. los españoles narraban cómo Santiago Apóstol, que evangelizó España, había sido descuartizado; Su cuerpo estaba en Santiago de Compostela y su cabeza no se sabía dónde. Contaban que la cabeza estaba buscando el cuerpo y cuando se uniera, Santiago volvería a liberar a España de los musulmanes que la habían invadido. Los nativos andinos reemplazaron a Santiago por el Inca que había sido también descuartizado por los españoles. En esta versión, las partes separadas del Inca algún día tendrán que juntarse para liberar al mundo andino del invasor y vivir en paz.

El fin de la resistencia andina contra la invasión española, tanto militar como ideológica, fue el inicio de una lucha que continuó las clases dominadas en el Perú colonial, porque a lo largo de los siglos XVII y XVIII las masas campesinas, los mestizos y esclavos se enfrentaron contra el sistema colonial español, hasta desembocar en las grandes rebeliones andinas del siglo XVIII como las de Juan Santos Atawallpa y José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II). 


E-Book Machu Picchu "Legado de los Incas"


Si quieres conocer más a Machu Picchu escríbeme a: leiner@valentinbook.com



jueves, 19 de abril de 2012

Invasión española al Tawantinsuyu


Francisco Pizarro participó junto a Núñez de Balboa el saqueo a Panamá y estuvo presente cuando el joven Panquiaco avivó la codicia de los invasores hispanos con sus narraciones sobre la riqueza de un reino austral más allá del río Virú.

La misteriosas denuncias por parte del español Enciso contra Balboa ante el nuevo gobernador de Panamá, Pedro Arias Dávila (Pedrarias), azuzadas por Pizarro, provocaron la muerte de Balboa. Pizarro se convirtió en Teniente Gobernador de Pedrarias; abusó de su cargo con el propósito de asegurar el fracaso de cualquier intento de otros navegantes de explorar las opulentas tierras del misterioso reino austral. Fue así como Pascual de Andagoya, Juan Basurto y Becerra pagaron con sus vidas la osadía de adelantarse a Pizarro.



En 1524 Francisco Pizarro decidió explorar personalmente dichas tierras antes de que otros se le anticipen a la invasión.

Fue así como reunió en Panamá a Diego de Almagro, conocido comerciante y poseedor de pertrechos y al cura Hernando de Luque, amigo cercano de Gaspar de Espinoza (vecino de Panamá y rico desde el saqueo de Punta Boricua y el Golfo de Nicoya, en Centroamérica).

Llegaron a un acuerdo para asumir responsabilidades: Como capitán de la expedición, Pizarro; como proveedor de suministros, Almagro; y el dinero lo proporcionaría Luque, aunque en realidad era el testaferro de Gaspar de Espinoza, el verdadero financista de la expedición.

El pacto fue formalizado ante un notario en 1526; estableciéndose una empresa invasora después de comprobar la factibilidad del proyecto.Mientras eso ocurría en Panamá, Díaz de Solís, exploró en 1525 los actuales países de Paraguay, Bolivia y Perú; logrando avanzar sin saberlo a las provincias periféricas del Tawantinsuyu, pero murió ajusticiado por los pobladores andinos, por sus saqueos y violaciones, sin llegar a reclamar su derecho de descubridor.  los viajes de Pizarro fueron los siguientes:


Viaje de exploración

Por la prematura, Pizarro se embarcó en una sola nave con 40 hombres, que fueron dejados en Puerto Piñas. Almagro retornó a Panamá por provisiones, estas tropas capitaneadas por Pizarro exploraron las costas de la actual Colombia. Luego esperaron los pertrechos en un lugar al que llamaron Puerto del Hambre, donde fueron cercados por una tribu; lograron escapar de ésta pero fueron emboscados por el Cacique del Fortín de las Piedras. De este lugar se fueron a la playa Chochama y allí esperaron a encontrase con Almagro, pero éste los buscaba por las tierras del Cacique  cuyos guerreros lo atacaron, perdiendo un ojo; en represalia Almagro, incendiC el lugar, llamado desde entonces Puerto Quemado.

Después de encontrar a los soldados de Pizarro en Chochama, Almagro regresó a Panamá donde se sumó a la empresa, enviado por el gobernador Pedrarias, con la condición de que Almagro, sea capitán adjunto y garantice la inversión del gobernador. Este hecho hizo que iniciara tempranamente las rencillas con el capitán Francisco Pizarro, las cuales se agravaron en el segundo viaje, con el pleito de Atacamez.



Viaje de descubrimiento

A partir de Chochama las huestes invasoras prosiguieron la campaña reforzados en 1526, con la inclusión de mercenarios como Pedro de Candia, Alonso de Molina y del experto navegante Bartolomé Ruíz de Estrada, quien aportó a la empresa su propia embarcación. El navío de Bartolomé podía adelantarse para recoger vestigios e informaciones sobre el codiciado reino austral y así alertar a los capitanes, y éstos diseñen correctamente la estrategia de invasión.

Alcanzaron el río San Juan, de allí Bartolomé  Ru-z inició el recorrido exploratorio de las costas más meridionales, llegó a cruzar la línea ecuatorial, donde alcanzó a ver una balsa de nativos tallanes. Movido por el hallazgo inicia la persecución hasta la bahía San Mateo, donde finalmente los capturaron, pero no regresó a tiempo al punto de encuentro donde los soldados lo esperaban con impaciencia.

La tensión y la hambruna fueron insoportables. El descontento de los mercenarios por los alimentos y las quejas por las difíciles condiciones terminaron por exasperar a los caudillos, en Atacamez, donde casi se produce un duelo anticipado de lo que sería la guerra civil entre Pizarro y Almagro. Sin embargo, Almagro se embarcó en búsqueda de pertrechos hacia Panamá, portando sin saberlo un mensaje de auxilio al interior de un ovillo de lana, probablemente escrito por el soldado Saravia que termina con el siguiente cuarteto: "Pues señor gobernador, miradlo bien por entero que allá va el recogedor y acá queda el carnicero".

Al llegar a Panamá, Almagro se dio con la sorpresa de que Pedrarias, el protector de la empresa, había sido destituido y ejecutado por el nuevo gobernador Pedro de los RCos, la esposa de éste recibió como obsequio de Almagro algunos adornos arrancados de los pobladores nativos, incluyendo la madeja con el mensaje secreto, el cual no tardó en ser descubierto. Entonces el gobernador de los Ríos ordenó la captura de Almagro y el rescate de los expedicionarios, nombrando para tal fín al capitán Juan de Tafur.

Mientras tanto Bartolomé Ruíz retornaba al punto de encuentro con Pizarro, llevando consigo a los jóvenes tallanes, bautizados como Felipe, Fernando y Francisco a quienes denominaban despectivamente como Filipillo, Fernandillo y Francisquillo. Por sugerencia de Ruíz, los invasores fueron a la isla del Gallo con el fin de esperar el retorno de Almagro con las provisiones, pero quien llegó fue el comocionado Tafur con la orden de conducirlos de vuelta a Panamá. Al ver peligrar su lucrativa empresa Pizarro protagonizó una escena que la fábula ha immortalizado como "Los Trece de la isla del Gallo", quienes supuestamente cruzaron una línea trazada por Francisco Pizarro para definir quiénes querían seguirlo y quiénes querían volver. Al final llegaron a un acuerdo conveniente, para ambas partes.

A pesar que Ruíz de Estrada era uno de los más empecinados en continuar, se vio obligado a pilotear su embarcación y regresar a Panamá con el resto de los que optaron por retirarse, traer refuerzos, pertrechos y desembarcar previamente en la isla Gorgona. Al grupo de los trece, más Pizarro y dos esclavos, se unió Almagro con refuerzos. Continuaron a pie, por la ruta descrita por Ruíz, llegaron a la bahía San Mateo, donde descubrieron, en 1528, la Fortaleza de Tumbes. Pizarro envió a Alonso de Molina con un esclavo para que dibujase lo explorado, lo cual resultó tan extraordinario que mandó un segundo grupo conformado por Pedro de Candia y Felipillo. Estos útlimos confirmaron la noticia de la existencia de un imperio rico en oro. Pizarro se da cuenta de la magnitud del hallazgo, y avanza hasta llegar a la desembocadura del río Santa, de donde decide retornar a Panamá.



Viaje de la invasión definitiva

Con la certeza que existiría una cultura avanzada y de un imperio rico e importante como el azteca, que ya Hernán Cortés, su primo, había invadido, Pizarro y sus secuaces decidieron formalizar sus derechos con una capitulación que es un documento oficial la cual facilitaba, mediante autirización real y bendición de la iglesia. Una capitulación les permitiría expresamente contar con el apoyo del Estado para vencer cualquier traba u oposición de las autoridades cloniales en América, el despojo que estaba a punto de cometer se iniciaba con dicha capitulación.

En 1529, los socios de la empresa invasora reunidos en Panamá decidieron enviar a la Corte Real un representante para que gestione la capitulación.La misión recayó en Pizarro quien, como primo de Hernán Cortés, obtuvo de él una recomendación para comparecer ante el rey Carlos I (también conocido como Carlos V de Alemania) pero éste no pudo atenderlo personalmente pues debía viajar por cuestiones político-militares del imperio a Italia; el rey dispuso la especial atención al Consejo de Indias y que su esposa lo firmara (la reina Isabel, hija de Manuel I de Portugal) en su representación. En el acuerdo, las condicones más favorables fueron para la Corona; los nombramientos y honores, especialmente los ingresos económicos, eran satisfactorios para Pizarro, mas no para sus socios (Almagro y Luque).



La capitulación de Toledo

La capitulación fue suscrita en la ciudad de Toledo, el 26 de julio 1529. En este documento no solo se plasmó la autorización para el proyecto de invasión al nuevo continente y la traición de Pizarro contra sus socios. El Consejo de Indias avaló gustoso la propuesta ambiciosa del representante de la empresa, Francisco Pizarro, con el propósito de concentrar los privilegios de poder en sus manos y de esta manera instigar los celos de los otros conquistadores contra Pizarro. La Capitulación de Toledo originó posteriormente un enfrentamiento entre Pizarro y Almagro.

Así, la capitulación concedía a Pizarro los cargos de Gobernador, Capitán, Alguacil Mayor y Adelantado, embajador del Rey, con un ingreso anual de más de 700 000 maravedíes; mientras que Almagro, al quien le correspondía el cargo de Adelantado para conservar el equilibrio, fue nombrado solo alcalde de Tumbes (fortaleza en ruinas por la guerra civil entre Waskar y Atawallpa), con un ingreso anual que apenas llegaba a los 300 000 maravedíes.

El cura Luque sufrió igual afrenta, pues ambicionaba ser propuesto por el Regio Patronato como Obispo de América y sólo lo nombraron Obispo de Tumbes, con un ingreso anual de 1000 ducados.

Los "Trece del Gallo" que arriesgaron su vida y su patrimonio fueron nombrados "Caballeros de la Espuela y Capa Dorada" conocidos como los "Trece de la Fama". Pero ellos: Cuéllar, Soraluce, De la Torre, Alcón, Ruíz de Estrada, Nicolás de Rivera y Cristóbal de Peralta, tenían la esperanza de hacerse acreedores de encomiendas (gobernadores de indios) y de mercedes  (repartimientos de tierra) con los cuales lucrar, en el marco del sistema feudal, reconocimiento que les podría conceder Pizarro (nombrado Marqués Gobernador), siempre y cuando le sean leales de manera personal (códigos feudales).

Para Almagro y los suyos, el panorama se tornaba gris y más aún con la llegada de los hermanos de Francisco Pizarro: Hernando, Juan, y Gonzalo Pizarro, además de su hermano materno, Martín de Alcántara Gonzalez.

Es necesario detallar los acuerdos establecidos en la Capitulación de Toledo, estos fueron:

  • Derechos de la Corona al Quinto Real, es decir, a los metales preciosos y al botín obtenido en las campañas.
  • Derechos de la Iglesia, a resultas del Patronato Real que la corona ejercía sobre ella a cambio de riquezas y poder, y que se encontraba bendecido por el Requerimiento, ceremonia de lectura de un documento papal exigiendo a los nativos la aceptación del rey y el bautismo, que en el fondo consistía en un mecanismo de control ideológico, para asegurar la subordinación del pueblo andino, caso contrario, la masacre sería justificada por los europeos, atribuyéndose la defensa de la religión católica.
  • Declaración tácita de guerra por parte de la Corona española contra el imperio andino (Tawantinsuyu), cuya realización quedaba a cargo del Capitán, General y Marqués Gobernador Francisco Pizarro González y sus tropas.
Estos acuerdos nos permiten entender cómo la expedición dirigida por Pizarro (empresa privada) se convirtió en una invasión militar del Estado español y de los Habsburgo contra los Incas, quienes en esta etapa se debatían en una serie de luchas internas, las cuales facilitaron el triunfo de los españoles. Dicha invasión se realizó con el tercer viaje. Pizarro al mando de 198 hispanos, apoyado de ciento de esclavos negros de guerra, nativos centroamericanos y miles de guerreros andinos (cuyos curacas se querían liberar del dominio inca), llegaron al Antiguo Perú.

El plan de invasión fue rápido y audaz. De Panamá pasaron a la bahía de San Mateo y a Coaque (1531), de allí al golfo de Guayaquil. En la isla de Puná se produjo el primer enfrentamiento entre los hispanos y punaeños del Incanato, estos últimos dirigidos por el curaca Tomala; el refuerzo de Sebastíán de Benalcazar y luego los 50 jinetes de Hernando de Soto neutralizaron al curaca Cacalami; pero, al mismo tiempo, como respuesta a la invasión se inició la resistencia militar andina, prolongada en todo el ámbito del Tawantinsuyu, como también el colaboracionismo a los españoles. Pero, pese a la fortaleza de los nativos los españoles vencieron. 

Los invasores desembarcaron en Tumbes, donde el curaca Chilimasa les brindó apoyo. Continuaron tierra adentro hacia Poechos en Piura; allí fueron agasajados por el curaca Maizavilca, quien cedió a Pizarro su propio sobrino como traductor, "Martinillo"; pero por otro lado desconfiando de Pizarro, avisó pronto a Atawallpa de la llegada de los españoles. El Inca envió a un noble orejón a Poechos, y comprobó que era un grupo de extranjeros y no dioses como creían algunos.

En Piura, los españoles fundaron San Miguel de Tangarará (1532); en este lugar recibieron noticias sobre el desenlace de la guerra civil de los Incas. En las batallas de Cotapampa y Wanacupampa; Waskar fue derrotado y apresado por las tropas de Atawallpa, éste último se encontraba en Cajamarca.

Pizarro atravesó las tierras del Gran Chimú y se adentró en los Andes, donde esperaba hallar el respaldo de las etnias sometidas por el Estado Inca.

El 15 de noviembre de 1532 llegaron a las cercanías de Cajamarca. Pizarro envió ante el Inca como "embajadores" a Hernando de Soto y Hernando Pizarro, quienes presentaron a Atawallpa las felicitaciones del Capitán General (Pizarro)  y su deseo de entrevistarse con él, al día siguiente, en la Plaza de Cajamarca.

Lo que ocurrió el 16 de noviembre de 1532 en la Plaza de Cajamarca se resume en la infamia y el genocidio. Allí se presentó el cura dominico Vicente de Valverde, con los intérpretes tallanes (Fernandillo y Martinillo) para intimidar al Inca y leerle el requerimiento (anuncio y autorización por mandato divino la conquista de las tierras y el sometimiento de los pueblos nativos que se negaran a ser evangelizados).


Este día se produjo en Cajamarca una batalla que tuvo como resultado la masacre de 6 000 nativos y el secuestro del Inca Atawallpa, quien por su excesiva confianza no tomó una rápida decisión de atrapar a los invasores.
Los españoles inventaron la leyenda de Santiago (El apostol Santiago es una figura legendaria en España, que según la tradición popular ayudó a los hidalgos a derrotar a los musulmanes en la guerra de Reconquista. El Santiago Matamoros se convierte en Santiago Mataindios)  para justificar su triunfo sobre los Incas.

Intereses clericales fueron los que ubicaron a Santiago como razón de ser de la reconquista de la Península y de la conquista del nuevo mundo. De esta manera se realizaba el esfuerzo conquistador para asentar el poder religioso.

Al estar Atawallpa prisionero, tenía temor de que Waskar se uniése a los invasores, después de la entrevista entre Waman Mallqui Topa (representante de Waskar) y Pizarro. Fue así que el Inca prisionero ordenó la ejecución de su hermano, mensaje que fue recibido por Calcuchimac, leal general de Atawallpa. Esta orden se cumplió a orillas del río Andamarca.

Este ajusticiamiento de Waskar por cuesrtiones políticas, fue pretexto para que Pizarro, temeroso de un intento de rescate por los generales de Atawallpa, replantearía la propuesta de asesinar al Inca. Esto se cumplió después de un remedo de un juicio sumario, el cual sentenció al estrangulamiento por garrote y posteriormente a la cremación de su cadáver. Atawallpa se salvó de ser quemado al haber aceptado el bautismo con el nombre de Juan Francisco. El Inca rehusó ir a la Hoguera ya que según expresó, el cuerpo de un Inca es divino y debía ser momificado, para ser conservado y venerado en su panaca. 

Ante un posible levantamiento general de las tropas que obedecían a Atawallpa, los invasores españoles emprendieron la marcha hacia el Cusco, apoyadas por las etnias contrarias al bando Atawallpista; dichas etnias creyeron en las falsas promesas de Pizarro. Con la riqueza obtenida por el rescate (dos cuartos de plata y uno de oro) los españoles nombraron a un Inca títere: Thupa Wallpa,  llamado Toparpa, otro de los hijos de Wayna Qhapaq.

El imperio fue derrumbado brevemente como resultado de las alianzas celebradas por diversos curacas étnicos de los Andes con los invasores europeos,  en quienes veían a sus libertadores. No exisitía en el Tawantinsuyu una unidad nacional ni idea imperial en la masa campesina y popular. Eran una multitud de naciones y curacasgos que sentían diferentes los unos de los otros; pero todos avasallados y dominados por el Cusco (la capital del Tawantinsuyu) cuya burocracia, militarismo y clero no querían trabajar. Los curacasgos ansiaban liberarse con vehemencia.

Entre los grupos étnicos o curacasgos más conspicuos como aliados y auxiliares de los españoles figuran los cañaris, los chancas, los caracaras, cierto sector de cusqueños, entre otros. Pero de todos ellos los que descollaron fueron los huancas y su líder Guacrapaucar.

La alianza de los huancas fue la más sobresaliente debido a la ubicación geográfica equidistante y estratégica entre Cusco-Vilcabamba y Lima, es decir entre la capital del imperio en ruinas y la capital colonial que estaba en plena formación; cada triunfo huanca significaba una victoria más para el colonialismo español del siglo XVI. Los huancas colaboraron con los españoles en: Guerreros, armas, ´víveres, vestuarios y así su apoyo fue cuantioso y determinante, que después por cédula alcanzaron privilegios como no a la servidumbre ni relaciones de explotación.

La invasión española a la Amazonía fue más difícil que al territorio central del Tawantinsuyu y cuya incorporación del territorio amazónico al sistema colonial español fue un hecho político, que significó la apropiación de tierras y de las personas que vivían en el Amazonas; la ocupación se realizó en diversas etapas:

  • Las entradas del siglo XVI (Promovidas por diferentes gobernantes como Pizarro, Vaca de Castro, La Gasca, virrey de Cañete para deshacerse de aventureros que eran causa de los conflictos).
  • Expediciones misioneras de jesuitas y franciscanos del siglo XVII-XVIII.
  • Ensayos tardíos de colonización (Tantamayo).
Entre las principales entradas del siglo XVI tenemos a Chachapoyas y Moyobamba con Alonso de Alvarado por órdenes de Pizarro y luego La Gasca a Bracamoros (Jaén) con Pedro Vergara, a Madre de Dios con Pedro de Candia, a Chunchos (selva central) con Perán Suárez, a Huánuco con Alonso de Mercadillo.

Los españoles creían que en el oriente existía un reino done había más oro que en el Cusco. Este era el pais del "Dorado". La expedición a este territorio costó una fortuna, pero resultó un fracaso completo desde un punto de vista militar.

La expedición de los marañones (1560) fue la segunda expedición española a el Dorado al mando del capitán Ursua acompañado por Lope de Aguirre, éste asesinó a Ursua y proclamó la independencia del Perú, por sentirse engañado por el virrey Andrés Hurtado de Mendoza  de que el Dorado existía; pero luego fue derrotado y murió en el abandono.

 

Copyright @ 2013 Aprenda historia de la humanidad.