martes, 19 de mayo de 2015

Ceremonias en el feudalismo

Eran los pactos que se daban entre los señores feudales y sus vasallos, o feudatarios, como parte de las relaciones vasalláticas, estableciendo así vínculos feudales y de jerarquía. 
Estos pactos eran de carácter vitalicio y sinalagmático (bilateral); actos jurídicos en las cuales las personas que pactaban debían de ser libres. Los pactos se celebraba con una ceremonia que se practicaba con la solemnidad de un culto religioso, entre ellas tenemos:

  • El homenaje: Tenía un origen bárbaro, el noble juraba lealtad a su señor feudal, convirtiéndose en su vasallo, el cual debía cumplir con la renta, obligaciones y servicios. Según la condición del vasallo, el juramento lo hacía de pie o de rodillas, se tomaban las manos y a veces se besaban. 

  • La investidura: Consistía en la entrega simbólica del bien concedido por el señor feudal a su vasallo; es decir del feudo  o beneficio, pero representado en la ceremonia por la entrega de un puñado de tierra, una rama de árbol, etc. En el feudalismo la concesión del feudo se realizaba a través de la ceremonia llamada investidura, la cual, inicialmente se formalizaba con la entrega de una espada, luego se hacía con la entrega de la tierra y posteriormente se hacía con la redacción de un documento de reconocimiento feudal, por medio del cual el vasallo reconocía como su señor feudal. Pero también, simultáneamente, el vasallo rendía homenaje al señor feudal; es decir, el juramento de fidelidad según costumbres que variaban de región en región, una de ellas es arrodillado y con un beso al señor feudal.

  • El espaldarazo: Se vinculaba también con los ritos bárbaros. El señor feudal nombraba caballero a un guerrero, no necesariamente de origen noble, para la defensa militar de sus intereses. Previamente el guerrero debía haber sido escudero y antes de eso, paje, esto es, servicio a otros caballeros; también velaba por sus armas, a la mañana siguiente oía misa y comulgaba, le calzaban la espuela derecha y recibía un golpe en la nuca, de esta forma se daba el espaldarazo.   



lunes, 18 de mayo de 2015

La toma de la bastilla

Ante el temor de no frenar las reformas del tercer estado, Luis XVI ordenó a la nobleza y al clero integrarse a la Asamblea Nacional. Desde ese momento los diputados dejaron de representar a sus correspondientes estamentos y pasaron a representar a la nación soberana. La agitación social que sobrevino, especialmente en las provincias y entre los habitantes urbanos más empobrecidos (Sans-Cullots), superó pronto a la agitación política de los asambleístas. Cuando se supo que el rey ordenaba la concentración de las tropas en torno a París, una multitud reunida espontáneamente asaltó la antigua fortaleza de la bastilla, una antigua prisión que constituía un símbolo del poder absoluto. 
En las zonas rurales la sola reunión de los Estados Generales hizo que vastas regiones dejaran de pagar las cargas señoriales y los diezmos eclesiásticos, en la esperanza de que fueran suprimidos.
Las noticias llegadas de París, aumentados por la distancia, desataron una ola general de motines. El rencor acumulado por siglos de explotación se descargó contra los castillos señoriales y sus odiados archivos donde se registraban los tributos que se adeudaban al señor. Alarmantes versiones atemorizaron a las ciudades – se hablaba de grupos de bandidos que asaltaban las propiedades – y en muchos casos burguesía se armó ante el temor de que ocurrieran mayores desmanes. Entonces el pánico conocido como “Gran Peur” (Gran Miedo).
Sacudió a Francia. Por todas partes surgieron, a imitación de París, comunas o municipios revolucionarios, en reemplazo de las autoridades reales.

Además de liberar a los escasos prisioneros, los salteadores buscaron armas y municiones para organizar la defensa de la naciente revolución. Así, el 14 de julio de 1789 pasó a ser una fecha simbólica en la lucha contra la autoridad despótica. Luego de estos sucesos, en París se formó una guardia nacional, osea una milicia cívica, comandada por el marqués de La Fayette (un noble partidario de los cambios más moderados). Esta revolución urbana dio fuerzas a la Asamblea Constituyente recientemente inaugurada que, de no contar con ese apoyo, hubiera sido fácilmente disuelta por las tropas de Luis XVI. 


Mama Huaco, la guerrera

En la cultura inca, la mujer ocupó un lugar medular, pues formó parte del binomio masculino-femenino que no solo rigió la vida cotidiana, sino también sus políticas y religiosidad. Este factor fue recogido en los mitos fundacionales, como es el caso de la leyenda de los hermanos Ayar, en la que se le atribuyó a Mama Huaco un rol primordial. 


Siguiendo la cosmovisión dual incaica, su figura se construye en oposición a la de Mama Ocllo-más vinculada a la función de liderazgo y caracterizada como maternal (aparece como madre del inca sinchi roca), en cambio Mama Huaco aparece como la mujer guerrera. 
En varias crónicas que relatan la leyenda de los ocho hermanos, Mama Huaco es representada con características masculinas: de gran fortaleza y destreza en el manejo del haybinto o boleadora, estratega y comandante de su propio ejército durante la campaña conquistadora de Acamama, donde su ferocidad hizo que los pobladores que se resistían a la ocupación huyesen, lo cual permitió que Ayar Manco y los suyos tomaran el territorio. Sin embargo, la feminidad también se hace presente en su figura a través de su disposición para la hechicería y adivinación, muy vinculada al mundo femenino durante el incario. 

Relacionada con la fundación del Cusco por su espíritu guerrero, hay una versión recogida en kas crónicas de Sarmiento de Gamboa que inclusive la señala a ella, y no a Ayar Manco, como la encargada de cargar la vara de oro que indicaría el lugar donde la familia y sus seguidores habrían de asentar sus dominios.
El cronista Felipe Huamán Poma de Ayala, señala a Mama Huaco no como una hermana de Manco Cápac, sino como su madre y esposa. La mujer no juega en este aspecto un rol transgresor, como lo es el de la mujer varonil, puesto que en el caso de los principales mitos fundacionales incas no figura la prohibición del incesto, una tradición más bien occidental. 
Varias son las versiones de los orígenes de la fundación del Cusco-coinciden en algunos puntos y difieren en otros-; pero en todas, este audaz personaje ocupa un papel destacado que se aleja de la pasividad del resto de sus hermanas. 

domingo, 17 de mayo de 2015

La ceremonia del Huarachico

El huarachico era un ritual de iniciación viril por el que todo joven de la nobleza incaica debía pasar.
Este ritual consistía en llevar a cabo una serie de pruebas para mostrar su futura destreza como guerrero.
Tras cumplir satisfactoriamente los ejercicios impuestos, el joven pasaba a vestir huaras-una especie de trusa portada por los militares, en reemplazo del uncu, como símbolo de su transición hacia la adultez. Además de ello, y esto era lo más distintivo de la ceremonia, se horadaban las orejas de los recién iniciados para adornarlas con discos de oro que cada año serían reemplazados por otros más grandes, dilatando así el tamaño del lóbulo. Es por ello que los cronistas españoles bautizaron a los miembros de esta casta como "orejones". Durante la invasión española, los pertenecientes a este grupo social, una vez tomados como esclavos o prisioneros y despojados de sus joyas, eran fácilmente reconocibles de entre el resto de nativos por el tamaño de sus orejas.


Esta ceremonia hallaba su fundamento en la leyenda fundacional de los hermanos Ayar. Cuenta las crónicas que durante la peregrinación hacia el Cusco, Ayar Uchu se convirtió en piedra en Huanacauri, y al instar a sus hermanos a seguir su camino-pues sabía que fundarían un gran imperio- les pidió que se realice el huarachico como ritual de iniciación en su memoria.
Así, el primero en someterse a esta prueba fue Sinchi Roca.

La ceremonia era de tal importancia en la sociedad incaica que los más altos funcionarios acudían a presenciarla y era festejada con bailes por toda la comunidad.  

los primeros incas


Hacia fines del siglo XI e inicios del siglo XII se asentó en la región de los Killkes (actual provincia de Paruro) un grupo humano que constituyó un modesto señorío, con dominio sólo sobre los valles y montañas cercanas.
Se dice que este grupo había emigrado del Altiplano. A este desplazamiento tal vez se refieren las leyendas. Pero el caso es que en el siglo XII tenemos un señorío en la parte alta del Cusco; a este lapso corresponderían el gobierno de Manco Cápac y el de Sinchi Roca.

 El nombre de Manco Cápac se pierde entre lo legendario y lo histórico, al igual que el de su hermana-esposa Mama Ocllo. A Manco Cápac se le atribuye la construcción de la primera residencia de los incas o Inticancha. Hijo de esta pareja fue Sinchi Roca, el primero en ceñirse la Mascapaicha. Se dice que este no conquistó territorios y que bajo su gobierno se canalizó el río Huatanay.

El período curacal o de los comienzos nos habla de un pequeño y agresivo curacazgo. Los dos primeros incas-Manco Cápac y Sinchi Roca-fueron siempre caudillos militares o sinchis que también usaban el título de cápac, siendo en realidad meros curacas o caciques. Lo evidente es que tales jefes invadieron el valle del Cusco y por medio de las armas derrotaron a los habitantes originarios. Aunque algunos investigadores asumen que estos primeros incas son irreales; los datos, la tradición indígena y el hecho que nadie haya podido probar su falsedad, nos lleva a creer en la autenticidad de ambos personajes. Además la momia de Sinchi Roca ha sido hallada por los españoles a mediados del siglo XVI.




Imagen de Manco Cápac con su hijo Sinchi Roca, por Martín deMurúa [1590: f. 21]. (Cortesía de The J. GettyMuseum, Los Ángeles, © J. Paul GettyMuseum.)

Cápac cuna

La Cápac cuna-de cápac, "señor, poderoso", y cuna, sufijo de plural, vale decir, "los señores"-fue la lista de los reyes incas. Vino a representar algo así como su árbol genealógico, pero no lo fue exactamente, en tanto que la nómina no siempre indicó sucesión de padres e hijos.



Esta Cápac cuna ha conservado la memoria de 13 incas y los presenta divididos en dos dinastías: los cinco primeros pertenecían a la dinastía Hurin Cusco y moraron en el Inticancha o primer templo del Sol, asentado en la parte baja de la capital: los ocho restantes formaron la dinastía Hanan Cusco, por residir en la parte alta de la ciudad donde cada uno levantó su particular palacio de morada. De estos últimos, Atahualpa no llegó a pisar el Cusco con la mascapaicha ceñida, por lo que se le considera gobernante de hecho mas no derecho, pero por ser hijo de Huayna Cápac se le considera integrante de la segunda dinastía.

Aunque Inca Urco y Amaru Yupanqui gobernaron, lo hicieron en calidad de correinantes, sin llegar a regir independientemente; por esta razón la cápac cuna los considera incas. 

La auténtica enumeración de los incas se pierde en la leyenda, la lista del Cápac cuna sería la siguiente: 

Hurin Cusco

1. Manco Cápac.
2. Sinchi Roca 
3. Lloque Yupanqui
4. Mayta Cápac
5. Cápac Yupanqui

Hanan Cusco

6. Inca Roca
7. Yahuar Huacac 
8. Huiracocha
9. Pachacútec
10. Túpac Yupanqui
11. Huayna Cápac
12. Huáscar
13 Atahualpa


domingo, 10 de mayo de 2015

El sumo sacerdote inca

El huillac umu, denominado "vilaoma" por los españoles; era el sumo sacerdote o pontífice solar, su nombre significaba "el adivino o el hechicero que dice" porque, aparte de ser reconocido como hombre sabio, tenía facultades de vidente: predecía el futuro e interpretaba sueños. Era siempre un pariente próximo del inca, tío o hermano.


Era elegido por los sacerdotes mayores, por los representantes del inca y del pueblo, también por una delegación de amautas. Reunidos todos en el Coricancha, procedían a su elección y así como salía la voz del electo, tocaban todas sus trompetas y otros instrumentos que servían a los sacrificios y en aquel mismo día lo coronaban en un templo poniéndole el Huamparchucu o mitra en sus vestimentas. Luego le daban obediencia los curacas y todos los demás sacerdotes.

Convertido en jefe supremo y vitalicio de la religión solar, su principal deber era velar por la ortodoxia de la misma y servir su liturgia; otorgar licencia para la edificación de nuevos templos, facultar el culto a los dioses de las provincias conquistadas, tener cuenta con los monasterios de hombres y mujeres; enviar visitadores para comprobar la pureza del credo y finalmente, despachar supervisores secretos que vigilaran la conducta de los anteriores. Si estos hallaban a aquellos culpables, el huillac umu los condenaba sin remedio a pérdida perpetua del oficio, castigándoles a barrer y traer leñas para los templos. Sin embargo su papel principal lo desempeñaba en las grandes fiestas del calendario y también ciñéndole la "mascapaicha" al inca el día de su coronación y casándolo con la coya.

Sustentado por los frutos de las tierras del Sol, vivía sometido a una austeridad voluntaria. Guardaba perpetuo celibato, frecuentemente comía hierbas y raíces, bebía agua y jamás probaba carne. Era un asceta y cuando las labores del culto lo dejaban libre, se retiraba a los montes a meditar. En la ciiudad-la que pocas veces recorría en su litera-pasaba los días en el quinto y último aposento del Coricancha. Allí servía las funciones diarias del culto o proseguía sus meditaciones.

No obstante toda esta austeridad la perdía en las grandes festividades. Salía en aquellas ocasiones rodeados de sacerdotes y dirigía las ceremonias religiosas. Su frente la ceñía una tiara pequeña que la llamaban "vilachuco", sobre la cual relucía refulgente la imagen dorada del Sol rodeada por una gran diadema, el tocado le bajaba por la barbilla, debajo de la cual pendía la metálica figura de la Luna; a los lados de la cara muchas plumas de papagayos añadían vistosidad al tocado. El conjunto del vilachuco y estos otros adornos formaban el huamparchuco. El resto de su atuendo lo constituía una túnica sin mangas y el huapil-igualmente sin mangas-que le llegaba hasta la rodilla y remataba en flecos rejos y blancos. Esta prenda tenía chapas de oro y plata, estando orlada con piedras preciosas. Las ojotas, conforme a todo el vestido, eran de fina lana de vicuña blanca. Terminadas las ceremonias, volvía a su atuendo habitual: un ropaje largo hasta los tobillos y encima una manta parda o morada.

El huillac umo no solo era reverenciado por los nobles y hatun runas, sino que el mismo inca lo honraba de manera especial, y en las situaciones difíciles le consultaba a modo de supremo consejero.La importancia del huillac umu-con respecto al inca-no quedaba allí, sino que en ciertas circunstancias podía amonestar al soberano por sus pecados. Asimismo, las veces que el inca estaba visitando su imperio, lo representaba en las grandes festividades que se hacían en la capital. 
Cuando moría el huillac umu, se juntaba todo el pueblo y lo lamentaba un día entero, lo embalsamaban y lo enterraban con ,mucha pompa en alguna sierra alta.  
El sumo sacerdote también se le llamaba aparte de huillac umo; willac uma (cabeza que habla), villac umu, villac umo.

sábado, 9 de mayo de 2015

La sucesión incaica

Aparentemente, la pugna entre las panacas culminaba un largo y complicado proceso sucesorio iniciado en la vida del inca anterior. El sucesor del inca era finalmente designado a través de un procedimiento ritual que incluía consultas oraculares o de adivinación como la llamada "callpa", que consistía en el examen, a cargo de un sacerdote, de las vísceras de una llama purificada. 


Para asegurar su posición, el nominado debía demostrar su habilidad para el desempeño de sus tareas y hacerse cargo de los rituales funerarios de su antecesor. Ambas cosas en realidad se integraban en un solo proceso y las realizaba el sucesor llevando a cabo nuevas conquistas o reconquistas que mostraran su capacidad para restablecer el orden, obteniendo mano de obra y productos, cosas que, de acuerdo a la cosmovisión andina, expresaban su capacidad para restaurar el cosmos y el dominio incaico de los andes, ocasionados por la muerte del inca. 
Paralelamente debía realizar la reconquista simbólica del Cusco, saliendo de la ciudad y regresando para ser aceptado por la élite, cuya opinión pesaba bastante. 
Al parecer, se trataba de uno de varios rituales que debía cumplir, repitiendo de esta forma el movimiento de la divinidad en el acto creador, tanto en el caso de Wiracocha al ordenar el mundo, cuanto del Sol, divinidad activa y vivificadora. 

De acuerdo a las informaciones que aparecen en las crónicas, puede pensarse que el procedimiento se repetía varias veces. 
De los diversos testimonios, se desprende que en vida del inca gobernante (principal de la diarquía) iban surgiendo los candidatos para sucederle, la mayoría de las veces, ellos formaban parte de la doble estructura diárquica del poder incaico. Probablemente, fueron las noticias sobre tal procedimiento las que llevaron a afirmar que cada inca elegía a su sucesor. 

 

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