lunes, 24 de diciembre de 2012

La alianza hispano-huanca contra los incas a través de las fuentes escritas

Para el Perú no existen textos en Runasimi que nos comuniquen la visión de la conquista, como si ocurre en México, en cuyo idioma nativo transmitieron el profundo sentir de sus conciencias frente a la invasión española. Todas las informaciones que hasta ahora se han hallado, fueron escritos en castellano, puesto que los autores se vieron obligados a solicitar los servicios de algún funcionario español para que las redactara, de conformidad a la versión que les transmitían a través de un intérprete. Las informaciones de Guacrapáucar y de Cusichaca, pertenecen a este género. 
Don Felipe Guacrapáucar y Don Francisco Cusichaca fueron dos curacas principales de la nación huanca, quienes en 1558, aunados con Don Carlos Apo Alaya, otro señor huanca, dictaron para que las escribieran un escribano, unas memorias sobre el colaboracionismo de ellos en el apaciguamiento de la sublevación de Francisco Hernández Girón. Querían, entonces, el pago justo de todos los gastos hechos en ella. Pero sus pedidos fueron remitidos al Consejo de Indias, para su consulta y que fueron archivados. El hecho motivó, años más tarde, un viaje especial de los tres curacas a Lima; pero no solos, sino con testigos y todas las de la ley. 
Viajaron decididos a llevar a cabo una información mucho más detallada que los simples memoriales o memorias de 1558, para exponer todos los servicios y la integridad de la ayuda que los huancas habían brindado a los españoles desde 1532 hasta 1560 y 1561. 
Cada uno de los tres curacas principales de la nación huanca, en 1560 y 1561, hicieron una información sobre su alianza con los españoles. Se escribieron tres informaciones: Hananhuanca, Lurinhuanca, Jatunsausa. La primera se ha extraviado, las otras dos hacen referencia a la colaboración total de las tres sayas o parcialidades en que estaba dividido el grupo étnico de los huancas. 
La pérdida de los informes de Hananhuanca debió ser notable, ´prueba de ello puede hacer la afirmación que hace Guamán Poma de Ayala donde dejó un dibujo del Apo Alaya Chuquillanqui, curaca de Hananhuanca, apresando a Francisco Hernández Girón, exhibiéndolo como uno de los más decisivos auxiliares en aquella campaña. Del colaboracionismo de Hananhuanca, pues apenas existen dos documentos directos: La memoria de dos páginas de 1558 y el relato de Guamán Poma (1615?). Ambos se refieren a las provisiones dados por el Apo Alaya durante la pacificación de Hernández Girón. 
Don Felipe Guacrapáucar llegó a Lima, con un manojo de quipus, en la segunda quincena del mes de junio de 1560. El 23 del mismo dirigió un pedimento (escrito que se presenta ante un juez y en el que se pide una o varias cosas) a la Audiencia. Solicitó, a nombre de un anciano padre, realizar ante los oidores una información o probanza acerca de la actuación del Apo Don Jerónimo Guacrapáucar y de la saya de Lurinhuanca, desde 1533, año en el que se aliaron con Francisco Pizarro. la solicitud fue aceptada;  y la información fue recibida ante le oidor; el licenciado Saavedra. Don Felipe Guacrapáucar se presentó con diecisiete testigos, algunos de ellos de gran prestigio en el Perú debido a sus avanzadas edades y porque residían muchísimos años en estas tierras. Declararon por ejemplo: Pedro de Alconchel, Beatriz de Saucedo, Doña Leonor Palla y Doña Inés Yupanqui, cuatro testigos de excepción, por cuanto habían actuado desde la llegada de Francisco Pizarro a Cajamarca en 1532.  
Otro testigo presentado por Don Felipe Guacrapáucar, es el capitán Juan de Larrinaga Salazar, el mismo que en 1565, fundaría las reducciones indígenas de Santa Fe de Jatunjauja, San Jerónimo de Tumán y Santiago de León de Chongos. También hay que destacar a Damián de La Bandera, ex visitador del Valle de Huancamayo y gran conocedor de la geografía regional.
El 26 de agosto de 1560 se terminó de escribir y recibir la información de Don Jerónimo Guacrapáucar y de la saya de Lurinhuanca, a pedido de Don Felipe Guacrapáucar. Ese mismo día, solicitó una copia de ella para llevársela a España. 
En cambio la información de Jatunsausa iba ser realizada por otro curaca y un año después la de Lurinhuanca. Efectivamente en 1561, Don Francisco Cusichaca, curaca principal y titular de la saya de Jatunsausa, como heredero directo de su padre el Apo Manco Surichaqui, quien se había aliado con Pizarro en 1533, se puso de acuerdo con dos curacas más de su misma saya: Don Diego Ñaupari y Don Cristóbal Canchaya. El resultado de sus conversaciones fue un viaje a Lima, para apersonarse en la Audiencia Real y exhibir en ella otro enorme manojo de quipus también, anudados y guardados en Jatunsausa con religioso cuidado desde febrero de 1533, fecha en la cual Apo Manco Surichaqui envió sus mensajeros a Pizarro hasta Cajamarca. Los curacas huancas y también los jatunrunas, habían comentado siempre, en conversaciones públicas y privadas, sobre la existencia de esos quipus y fundamentalmente de su contenido. Allí figuraban toda la ayuda material que sus antepasados y ellos mismo habían dado a los españoles desde 1533 hasta 1534. Para los jatunsausas, era necesario presentarlos a la Audiencia, deseaban que las autoridades recompensaran de algún modo tanta ayuda brindada por ellos a los conquistadores. 
Viajaron a Lima llevando en sus chuspas los largos y hermosos cordones que contenían la historia de la alianza hispano-huanca. Así mismo iba avivando la memoria para recordar los sucesos del pasado y poder ampliar las informaciones que meditaban realizar al respecto. 
Don Francisco Cusichaca se presentó ante la Real Audiencia el 6 de setiembre de 1561, junto con Ñaupari y Canchaya. Y ahí, en la mesa del escribano Francisco López dejaron un memorial.
Manifestaron que no lo presentaban en nombre propio sino de todos los jatunsausas. A su memorial acompañaban unos capítulos de setenticinco puntos, donde figuraban todos los sucesos ocurridos en Jatunsausa desde 1533 hasta diciembre de 1554. Era una detallada información, según sus recuerdos, de los auxilios dados por los jatunsausas a lo largo de ese lapso. Todo ello querían los curacas demostrarlo con las declaraciones de testigos andinos y españoles. Por lo tanto los setenticinco capítulos no eran sino otras tantas preguntas, bien y ampliamente estructuradas. Conjuntamente con los setenticinco capítulos iba una memoria, en la cual se había hecho la transcripción de los quipus. En aquella memoria se especificaban las más mínimas cosas que los jatunsausas dieron a los españoles, desde 1533. Por entonces la saya de Jatunsausa era la encomienda de Gómez de Caravantes. 
Cusichaca y sus dos paisanos presentaron su pedimento, sus capítulos y su memoria a la Audiencia. Con ello demostraban que su intención era realizar una probanza al respecto, para la cual tenían abundantes testigos. Pedido que la Audiencia lo aceptó y comisionó para su recepción al licenciado Alvaro Ponce de León. Pero como Don Francisco Cusichaca era indígena y por consiguiente, considerado menor de edad, fue necesario que nombrara apoderados. Estos fueron dos:  Francisco de la Torre, procurador de causas en la misma Audiencia, quien se hallaba ausente; y el otro, Alonso Mescua; ambos españoles. Como Don Francisco Cusichaca no sabía hablar el castellano ni escribir, se hizo entender mediante un intérprete mestizo llamado Pedro de Alvadán. 
La presentación y juramentación de los testigos duró varios días. Empezó el 6 de setiembre de 1561 y acabó el 15 del mismo. Los testimonios comenzaron a recibirse el 19 de aquel mes, ante Don Alvaro Ponce de León, oidor de la Audiencia; la última declaración fue recibida el 7 de octubre. Duró pues diecisiete días, fueron presentados quince españoles y un huanca de Jatunsausa. Pero de todos los españoles, dos eran de excepción: Pedro de Alconchel, el trompeta de la conquista y Diego de Ribera "el viejo", testigos presenciales de los hechos fundamentales de la alianza hispano-huanca. El testigo jatunsausino, monolingüe y analfabeto, también es otro de los testificantes extraordinarios; se llamaba Don Baltazar Canchaya, un notable huanca de la citada saya de Jatunsausa. Había nacido en 1523, de manera que a la llegada de Pizarro tenía ya diez años de edad. Además había conocido y tratado al Apo Manco Surichaqui, el célebre curaca de Jatunsausa que se alió con los españoles, cuyos actos no solo había visto sino también oído repetidas veces a sus paisanos y familiares. El fue el único testigo que declaró bien y ampliamente, casi desde el primer al último capítulo del interrogatorio. 
El interprete que tradujo los quipus y las declaraciones fue el indígena noble Don Martín. Y una vez acabada la información, el 13 de octubre de 1561, Don Francisco Cusichaca solicitó una copia de ella. Lo que en efecto se le dio, certificada con la firma y sigla del escribano Francisco López; la deseaba para enviarla también a España, al rey mismo, para que lo leyera y se enterara de las hazañas de los huancas de Jatunsausa a favor de Pizarro y del rey de España.






Leiner Cardenas Fernandez

Historiador de profesión y especialista en informática educativa por convicción.

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