domingo, 18 de mayo de 2014

la esclavitud en el Imperio Inca

En el imperio Inca si existió la esclavitud, pero fue a partir del reinado de Huayna Cápac (Guayna Qhapaq), en quechua o runa simi a los esclavos se les decía pinas o pinacunas. Estos pinacunas por lo general eran prisioneros de guerra que no admitían la derrota, como es el caso de centenares de pastos, carangues, cayambes, quitos, cañares, chachas. Se les reubicaba en la Selva Alta o ceja de Selva para que se dediquen a la producción de coca de por vida. El número de esclavos en el imperio nunca fue superior en comparación con la población total.


Los esclavos en el incanato no estaban bajo el dominio de personas particulares ni instituciones sino al sapainca o Estado imperial. No se les forzaba a trabajar en las minas, canteras ni otras obras estatales, ya que esta labor le pertenecía a los mitayos proporcionados por los ayllus. Tampoco el Inca los regalaba a sus favoritos, ni a sus esposas, ni siquiera a sus guerreros que expandían las fronteras imperiales, no eran objeto de comercio, arrendamiento ni préstamo.  


La vida del pinacuna era muy triste en las plantaciones de coca de las Selva Alta, pese a recibir tierras de cultivo  debido a las aguas contaminadas, el clima caluroso y húmedo, enjambre de insectos y sobre todo la terrible e incurable uta que desgarraba sus rostros. La esclavitud en el imperio de los incas eran propiedad del Estado y del sapainca solamente. No hubo en el incanato tráfico de esclavos, pero si existieron familias y ayllus enteros sometidos a la esclavitud.
En el imperio de los incas solo se podía ser esclavo en dos formas:

  • Prisioneros por delito de rebelión contra el sapainca y el imperio.
  • Por nacimiento o sucesión familiar. 
Los esclavos (pinacunas) incas no eran utilizados en la guerra, no se les permitía portar armas,  ni viajar. Tampoco conformaban comunidades con tierras colectivas ni privadas, aunque vivían en chozas conformando aldeas. Tenían sus jefes supeditados a los gobernadores incaicos. Se casaban entre ellos mismos. Exhibían insignias peculiares de su clase para ser reconocidos como tales. 


Sólo el sapainca tenía derecho de la vida y muerte de los pinacunas; pese a ello éstos tenían el usufructo de las tierras estatales que ocupaban y podían ahorrar productos y trocarlos; practicaban la endogamia y no se sabe si el sapainca concediera la libertad a alguno de ellos.

Leiner Cardenas Fernandez

Historiador de profesión y especialista en informática educativa por convicción.

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