sábado, 2 de marzo de 2013

La guerra fratricida

Era Huáscar, según los cronistas, natural de Huascarquíhuar, pertenecía al bando de los Hanan Cusco y entre el medio centenar de hijos de su padre, gozaba de prioridad por ser el único legítimo. Fue por ello que heredó la Mascapaicha colorada, siendo reconocido Inca de los cuatro suyus. 


Su primer acto de gobierno fue mandar traer de Quito la momia de su progenitor, lo que hicieron en solemne  procesión los orejones. No vino en ella su hermano Atahualpa; Huáscar acusó de ser sus cómplices a los miembros de la funeraria comitiva matándolos en ese momento. Este hecho alborotó a los HananCusco, pues los victimados eran de ese bando y le retiraron su favor. Entonces el Inca, por no quedarse solo, se vio obligado a renegar de su linaje y a juntarse con los Hurin Cusco.
Durante esos días llegó una embajada de Atahualpa a rendirle acatamiento, pero irritado con su hermano por no haber venido personalmente, reiteró que era un traidor. Huáscar les hizo cortar las narices a los embajadores de Atahualpa, posteriormente los hizo desnudar de la cintura para abajo y en esas condiciones, los obligó a volver a Quito. Atahualpa se enfureció con lo ocurrido y llamando a sus generales Quisquis, Calcuchimac y Rumiñahui, les ordenó que se alistasen porque pensaba iniciar una guerra contra Huáscar. Éste sospechó los pasos de su hermano y para cerciorarse envió dos orejones a Tumebamba con el pretexto de recoger ciertos bienes y mujeres de Guayna Qhapaq. Los orejones espías llegaron a Tumebamba, y estando cumpliendo su misión los apresó Atahualpa, que torturándolos los hizo confesar la posición de las tropas huascaristas, luego los desolló vivos y con sus pieles fabricó tambores.

Encendida la hoguera de la discordia, los dos hermanos se aprestaron a la lucha. Se dieron quince batallas en esta guerra fratricida, entre las más importantes fueron: La primera batalla se dio en Riobamba y fue ganada por Atahualpa, quien mandó hacer grandes pirámides con los huesos y cráneos de los vencidos; la segunda fue en Tumebamba y la ganó Huanca Auqui, general de Huáscar, quien obtuvo una ruidosa victoria sobre el ejército de Atahualpa. Pero rehechos éstos rapidamente, vencieron a Huanca Auqui en Cusibamba y Cochahuaila, haciéndole retroceder hasta Bombón, donde le infligieron otra derrota. En vista de estos descalabros militares Huáscar nombró por general a Maita Yupanqui; pero en los sucesivos encuentros las cosas no fueron mejor. Dispuesto a recuperar lo perdido y a vengar a sus guerreros muertos, Huáscar salió personalmente a combatir. 
Mientras tanto, ensoberbecido con sus triunfos militares, Atahualpa entró pomposamente en Cajamarca y Huamachuco, donde por serle adversario el oráculo del ídolo Catequil profanó el santuario y mató de una lanza a su viejo sacerdote. Por este tiempo fue que tuvo la osadía de hacerse llamar de Inca de los cuatro suyus o Señor del Universo, título que a decir verdad nunca lo tuvo por morir sin haber sido coronado. Las crónicas muestran a Atahualpa como cruel y a diestra y siniestra mataba, destruía, quemaba y asolaba cuanto se le ponía delante; y así desde Quito a Huamachuco  hizo las mayores crueldades, robos, insultos, tiranías que jamás hasta allí se habían hecho en esas tierras.

Aborrecido pero victorioso, Atahualpa envió a sus tropas a posesionarse de toda la cordillera. A Quisquis y Calcuchimac encomendó la captura del Cusco, la ciudad sagrada donde pretendía gobernar. Huáscar a pesar de que los oráculos no le anunciaban victorias, salió a defender la capital. Topó a sus enemigos en Cotabamba y los combatió, haciendo huir al ejército de Atahualpa, quienes buscaron refugio en un enorme pajonal. Huáscar, que solo ansiaba la venganza, esperó que soplaran fuertes vientos y prendió fuego a la paja. Así murió quemada gran parte de la gente de Atahualpa, pero Quisquis y Calcuchimac con algunos otros lograron escapar; éstos se refugiaron en lo alto de los cerros confiando su retaguardia a Calcuchimac; este general atahualpista concibió la idea de caer por sorpresa sobre Huáscar. El Inca (Huáscar) que confiaba en sus legiones, no quiso emplear toda su gente en su persecución de sus enemigos. Quería vencer de igual a igual, con la misma cantidad de gente que tenía el ejército de Atahualpa. Con este pensamiento inició la búsqueda del ejército enemigo, dejando al grueso de sus hombres en el llano de Huanacopampa. Por delante envió Thupa Atao, su hermano, con tropas de reconocimiento. Huáscar siguió detrás, sobre su litera de guerra, con paso más reposado. 
Habiéndose adelantado Thupa Atao con su vanguardia muchas leguas y penetrado a una estrecha quebrada, cayó traidoramente sobre él Calcuchimac; dejándolo mal herido y derrotada a su gente; más aún, aniquilada, porque no sobrevivió ningún hombre. Luego temeroso de la proximidad de Huáscar, el general Calcuchimac tornó a subir al monte, desde donde mandó llamar a Quisquis, pidiéndole que cesara de retirarse y volviera para urdir una gran celada. 
Reunidos en breve ambos caudillos, trazaron un plan de ataque; tenía que basarse en la sorpresa, pues de lo contrario Huáscar los podía derrotar. Primero se esconderían en los cerros, luego esperarían al Inca y una vez que hubiera entrado a la quebrada, Calcuchimac le caería por la espalda, mientras Quisquis haría lo propio por el lado opuesto. 
Efectivamente, confiado en la vanguardia de Thupa Atao, Huáscar penetró la angosta quebrada. Pronto ordenó detenerse a su tropa porque no muy lejos de ellos estaban muertos en el suelo, los hombres de Thupa Atao. El Inca malició una celada y quiso dar media vuelta, pero Calcuchimac irrumpió con su ejército, le cerraron la retirada y empezaron a atacar. Huáscar se retrajo, penetrando de este modo más en la quebrada, dándose entonces con las tropas de Quisquis lanzándose contra el ejército de Huáscar. Al final vencieron los Atahualpistas por su posición ventajosa en el combate;  Calcuchimac se dedicó a buscar a Huáscar; éste lejos de huir seguía combatiendo. Fue entonces que Calcuchimac con sus tropas se deslizó hasta el Inca, saltó y asiéndose de sus vestiduras, lo derribó de su litera ¡El Cóndor real había caído, cinco o seis halconcillos lo habían traído a tierra! que fue justamente el sueño que tuvo Guayna Qhapaq antes de morir.

Leiner Cardenas Fernandez

Historiador de profesión y especialista en informática educativa por convicción.

2 comentarios:

  1. Toda esta historia es una farsa, los incas nunca utilizaban el factor sorpresa. menos tenian armas mas ventajosas que el otro bando inca. peor aun esta historia narra en realidad lo que los españoles hicieron con el imperio inca...en realidad narra una historia de valentia incaica por parte de huascar. y ala vez no menciona ningun español por no quedar mal con sus semejantes. no fue facil pero narra españoles vs huascar.. calcuchimac, atahualpa son grandes señores que murieron a manos de los españoles ala cual mataron.. y no quisieron hacerlo con el verdadero inca.. que era huascar y utilizaron sus nombres de esos grandes guerreros haciendolos quedar mal ante los lectores. soy el viajero del tiempo. pronto sabran la verdad..

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  2. Es cierto toda la información que se difunde de los incas es denigrante, nosotros sabemos que nunca Huáscar y Atahualpa estuvieron en guerra. es el invento de los invasores españoles para justificar su cobarde proceder con una cultura que nunca utilizo la astucia en sus hechos. Eran hombres dignos.

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