jueves, 21 de febrero de 2013

Cusco: La ciudad cosmopolita de los Incas

El poder imperial geográficamente, tenía un territorio fijo: el valle del Cusco, en uno de cuyos puntos, más o menos céntrico, se erguía la Llacta (ciudad) de igual designación. Como la aldea databa de tiempos muy antiguos, de fechas anteriores a Manco Cápac (Manko Qhapaq), cuando ni tenía el nombre de Cusco sino el de Acamama, asiento de los remotos y pequeños señoríos de Hualla, Sahuasera y Antasayac.


Pero desde la década de 1430-1440, en que fue fundado el Imperio por Pachacuti, aquel poco pintoresco villorrio fue transformado en un amplio, hermoso e imponente asentamiento urbano que se hizo merecedor al calificativo y sobrenombre de Jatun tupac llacta. Desde entonces no solo iban a vivir allí individuos pertenecientes a la nobleza etnica Inca, sino una multitud de mitayos llevados a todos los señoríos y reinos conquistados y anexados para que trabajaran en obras de construcción, canalización, sembrío, crianza de animales, labores domésticas, etc. Llegó a ser, por lo tanto una llacta "cosmopolita", donde a los extrnajeros fácilmente se les reconocía, porque nadie podía cambiar ni alterar sus insignias nacionales, simbolizados en el color y forma de los tocados. Es posible que durante su esplendor haya albergado entre 60 y 100 mil habitantes.

Cusco fue el nombre impuesto a raíz del arribo de los Antasayas, en directa alusión a la tarea que tuvieron para desecar y nivelar su terreno pantanoso y pedregoso. Al crearse el imperio y ser convertido en el corazón y cerebro de tan extenso territorio, muy pronto el Cusco adquirió otra acepción y significado: ombligo del mundo, es decir del mundo dominado por la etnia Inca. Por lo cual no estaban errados, porque toda capital de cualquier Estado centralista y despótico constituye el lugar donde se imparten y disponen la política económica, social, militar e ideológica, convirtiendo a sus moradores en el eje del funcionamiento del cosmos.

Su plano simulaba la silueta de un puma o león americano, cuya cabeza se hallaba la ciudadela de Sacsaywaman y la cola en la confluencia de dos ríos que atravesaban la llacta, uno de ellos el Huatanay. Su trazo y su distribución figuraban un verdadero Tawantinsuyu, de modo que sus espacios fueron dejados para distribuirlos entre los mitmas o extranjeros que arribaban a ella, pero racionalizados y planificados de tal manera que guardaban la misma distribución y posición de cada etnia en la geografía incaica. Al ser cuatro los suyus del imperio y cuatro los barrios de la llacta, cada grupo de mitmas ocupaba el sector que le correspondía.
A los ídolos o huacas de cada etnia se los tenía reunidos en un santuario ad hoc. Y como es de imaginar, cada curaca principal de cada uno de los diversos señoríos y reinos tenía edificada su casa en ese sector señalado a sus mitmas. Allí se alojaba cuando llegaba al Cusco a visitar al Sapainca, y allí vivía el heredero del cacicazgo cuando paraba en la corte imperial. Como la tierra y los aposentos de los mitmas guardaban una distribución que dependía de la cronología en que fueron conquistados, con solo ver su ubicación bastaba para conocer la historia de la expansión del imperio. He ahí por qué se le consideraba una llacta cosmopolita. Deambulando por sus calles y plazas; hombres y mujeres pertenecientes a todas las etnias incorporadas al Tawantinsuyu, luciendo sus tocados nacionales y hablando en sus idiomas o dialectos.
Sin que aquello significase de que se hubiera convertido en un crisol de pueblos, por la simple razón de que la endogamia lo impedía, igualmente los conceptos del ius sanguinis y mecansimos de la descendencia paralela.

Leiner Cardenas Fernandez

Historiador de profesión y especialista en informática educativa por convicción.

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