jueves, 29 de noviembre de 2012

Pachacútec: El ascenso al poder


Cusi Yupanqui, tomó posesión de todo lo que arrebató a sus enemigos: Ídolos, armas, ropas, provisiones, vajillas, joyas, hatos, prisioneros, etc. Y rápida,mente se preparó a celebrar las fiestas de triunfo; los prisioneros fueron reunidos en Yahuarpampa y llevados al Cusco para festejar la victoria, pisándoles los cuerpos. También trajeron consigo el rico botín chanca; pero Cusi Yupanqui quería que su padre fuera el que solemnizara las diversiones y a la par tomara posesión de lo ganado a sus enemigos. Cuando Cusi fue a ver al viejo Inca, lo halló conversando con Huamán Huaraca, quien habría logrado la capitulación de Wiracocha (Huiracocha); pero al enterarse de la verdad, Huamán Huaraca lloró profundamente. Wiracocha rechazó el ofrecimiento de Cusi yupanqui; por el sencillo hecho de que Urco era el que debería llevarse las palmas de la victoria por se corerinante, que pese a lo ocurrido debería seguir en el poder; hecho que indignó y ofendió a los héroes, quienes se negaron a la petición del viejo Inca.
Desaparecido Urco y neutralizado Huiracocha, se preparó la coronación de Cusi Yupanqui como Inca, la que se realizó con gran pompa y esplendor, tomando posesión del ushno (trono), mascaipacha, sunturpáucar y el champi. Vino a ser en realidad el número 11 de la serie conocida de los señores del Cusco,si contamos a Tarco Huamán y a Urco: Dos de los reyes borrados de la lista pública de jefes cusqueños. Tomó el nombre de Pachacútec, que quiere decir persona con quien comienza una nueva era: El que cambió el destino político y militar de su Estado, convirtiéndolo de un simple señorío en un poderoso imperio. En el mismo Inticancha se casó con Mama Anahuarque, hija del señor de Choco, aparte de la cual tuvo otras mujeres secundarias. 
Uno de sus primeros actos fue suprimir de la historia oficial a Inca Urco, lo que no fue posible del todo ya que sus execrables fechorías eran tan indelebles que fue imposible relegarlo al olvido total por los anan y urincusco, de modo que su imagen y recuerdo infame perduraron por más de 100 años entre los habitantes de aquella llacta, con tanta nitidez que, en 1571, un pintor cusqueño reconstruyó su retrato con suma facilidad. Lo que si lograron fue eliminarlo de la relación pública de los incas correinantes, considerado como el peor castigo para un Capac (rey o poderoso) que humilló a la etnia Inca. 
Vencidos los chancas, muy pronto la etnia inca resultó poseedora de magníficos medios de conquista y dominación exterior, con tanto éxito que los avances y sometimientos iban a ser unos tras otros, pese a lo abrupto de la geografía. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cusi Yupanqui

Cusi Yupanqui (Pachacuti) fue el hijo de Wiracocha y Mama Runto, hija del señor de Anta; había nacido en los aposentos de Cusicancha, frontero al Inticancha (Cusco), motivo por el cual años más tarde fue transformado en adoratorio. Quien le educó y moldeó su carácter fue su ayo Micuymana, enseñándole historia, quipus, leyes y lengua. De joven demostró una extraordinaria personalidad y madurez reflexiva, cualidades que le faltaba a su hermano Urco. Tomó parte en las principales empresas guerreras dirgidas por Vicaquirao y apo Mayta.
Ante la huida del inca Wiracocha, su hijo Urco y parte de su séquito, surugió la figura de Cusi Yupanqui, ya tenía 30 años de edad, que con el apoyo de los guerreros Vicaquirao y Apo mayta ordenó la resistencia. Realizó una convocatoria de la pequeña etnia Inca y clamó la ayuda de los señoríos y reinos vecinos; Canas acudió como aliado; pero no faltaron algunos que se abstuvieron esperando el resultado para adherirse al grupo grupo ganador, como es el caso de los Chilques (Paruro).
Más de una batalla hubo entre chancas y cusqueños; la primera en la propia llacta del Cusco. Fue un combate cuerpo a cuerpo, presenciado por miles de espectadores de las etnias colindantes que para intervenir esperaban el lado por el que se inclinase la victoria.
Los chancas retrocedieron a Ichubamba, pero sin ceder en sus intentos; en secreto llamaron a sus guerreros del interior de sus tierras; pero la situación era ya diferente, ahora todas la etnias que circundaban el Cusco estaban decididas a auxiliar a Cusi Yupanqui al ver que estaba triunfando. Esta vez los ayarmacas (Jaquijaguana) se aliaron a los chancas. En la batalla Cusi Yupanqui cercenó la cabeza de Asto Huaraca, mientras Tomay Huaraca era muerto en otro sector del campo de combate. Cusi capturó al ídolo de Uscovilca. El hecho sirvió para que más señoríos y reinos que aún seguían indecisos y de espectadores, se plegaran a Cusi Yupanqui. Realidad que después fue mitificada por los Incas, propalando la creencia de que las piedras de Ichubamba se transformaron en hombres por voluntad de los dioses para favorecer a sus hijos predilectos: Los anan y los urincusco. Tanta fue la sangre derramada en Ichubamba que se le llamó Yahuarpampa (llanura de sangre).
Con la desaparición de sus caudillos, los chancas se dieron a la fuga; los incas los persiguieron hasta la orilla derecha del Apurímac a 12 Kilómetros, donde todavía se llevó a cabo un tercer combate, en el que fue muerto Vicaquirao, cuyo cadáver fue metido en el tronco de un árbol que agujeraron. Cusi Yupanqui continuó hasta Andahuaylas que es la tierra de los chancas. Después regresó deteniéndose en Jaquijaguana, lugar en que los ayarmacas se hallaban aflijidos, pensando en pedir clemencia, suponiendo obtener el perdón y pertenecer a la etnia Inca. 
El triunfo Inca estaba consumado, con ello acababa el período del diminuto señorío del Cusco. Ahora se daba inicio al gran imperio de los incas.

martes, 27 de noviembre de 2012

Batalla de Tarapacá

La aldea de Tarapacá, rodeada de huertos y pastizales, se halla al pie de la cordillera, en una quebrada debajo de elevados cerros cortados casi a pico. Era, desde mediados del siglo, residencia de salitreros ricos y de las autoridades de la provincia. Los bolivianos la habían saqueado en su retirada y las casas estaban abandonadas. El ejército peruano llegó a Tarapacá el 22 de noviembre; allí se encontraba el general Buendía con otros jefes que, abandonando el campo de San Francisco, habían adelantado su retirada.
Se reorganizó el ejército con 4,500 hombres, en 6 divisiones cada una respectivamente al mando de los coroneles Alejandro Herrera, Andrés A. Cáceres, Francisco Bolognesi, Justo Pator, Miguel Ríos, Francisco Bedoya. El Comandante en Jefe era el general Juan Buendía y el Jefe del Estado Mayor era Bilisario Suárez.
El ejército estaba compuesto por hombres de a pie, por no contar con caballos; este ejército no sólo carecía de municiones sino también de subsistencias y de uniformes; los soldados en su mayoría estaban descalzos y moralmente deprimidos.
Las fuerzas chilenas que se disponían a enfrentar al ejército peruano en la quebrada de Tarapacá, contaban con un total de 4,000 hombres con caballería, infantería y artillería, contaban con 8 cañones y estaban distribuidas en tres columnas.
A las 8 A.M. del 27 de noviembre llegó al campamento peruano la noticia que se acercaba el enemigo y al poco rato empezó la batalla. Aunque la situación era desventajosa, los peruanos salieron al encuentro trepando las fatigosas laderas y conquistando cada posición con denotadas acometidas. A las 5:30 P.M después de nueve horas de lucha, fue finalmente desbaratado el enemigo que acabó huyendo por la quebrada de Isluga. Fue un triunfo espléndido del ejército peruano, cuyo costo significó unos 300 muertos y otros tantos heridos, entre éstos y aquellos muchos jefes y oficiales. Las pérdidas de los chilenos fueron mayores y cayeron 61 prisioneros.
Fue importante el número de armas que cayó en poder de los peruanos, incluso toda su artillería de 8 cañones, que tuvieron que ser enterrados en la arena por carecer de bestias de carga para transportarlas. 
Durante esta batalla se distinguieron muchos valerosos oficiales, algunos de cuyos nombres hubieran de consagrarse después como héroes de guerra. El primero fue Andrés A. Cáceres que se destacó no sólo por su coraje sino también por su talento militar; el anciano coronel Francisco Bolognesi que se encontraba enfermo y con fiebre, se levantó de su lecho para combatir y cumplir valerosamente la misión que la había sido encomendada. Sin embargo el gran héroe de Tarapacá, como en todas las tragedias y escasos triunfos de la guerra, en medio del hambre, del frío y de la sed, en las penalidades de los desplazamientos o en la lucha cuerpo a cuerpo, fue el soldado anónimo peruano; fueron suyas todas las victorias o toda la grandeza suprema que significa la entrega de la vida.
Pero la victoria de Tarapacá en nada cambió el curso de la guerra. El aislamiento y el peligro que significaba quedarse en el lugar y las penurias en las que se debatían los soldados, decidieron el abandono de Tarapacá, que era precisamente, la causa de la guerra. Tras las huellas de los soldados descalzos y del polvo que hacían las columnas al marcharse, quedaba perdida para el Perú la rica provincia de Tarapacá. A los pocos meses comenzó la explotación de las salitreras, lo cual no solamente permitió a Chile proseguir la guerra con nuevos recursos sino también cambiar su situación económica hacia una nueva era de desarrollo y progreso. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Inca Urco

Aislado en Calca el viejo Huiracocha dejó en el Cusco a su hijo Inca Urco enviándole la borla o mascaipacha, realizándose las ceremonias tradicionales que se estilaban en el Inticancha, con sacrificios y fiestas. Inca Urco ocupó más o menos el número diez de la lista conocida del Cusco; pues se presume la existencia de otros que fueron eliminados de la historia en forma total y absoluta. 
Desgraciadamente su mandato resultó uno de los más oscuros, abominables y nefasto de la historia andina, su notoria cobardía y ausencia integral de intuición y preparación táctica no le permitieron alistar ninguna expedición ni conquista. Se mantenía en el poder por la imperiosa y absurda prepotencia de su padre Huiracocha. 
Inca Urco entregado a los placeres y vicios no se preocupaba en gobernar, la mayor parte de días los pasaba en casas de recreo; desagradando esta actitud a los guerreros componentes de la etnia Inca. Su carácter morboso le impulsaba inclusive a buscar tener relaciones sexuales entre mujeres pertenecientes a las clases sociales bajas (campesinas o yanas); y en ocasiones hasta llegó a violar a algunas mamaconas (las más venerables señoras de los acllahuasis). Era habitual verlo en la llacta bebiendo y hasta ebrio, vomitando y miccionando sin vergüenza alguna en las vías públicas. A cuantos se dirigía los trataba como hijos engendrados por él dando a entender haber tenido relaciones con sus madres. En ningún instante intentó levantar su vivienda, ni edificar construcciones de ningún tipo; y como guerrero resultó un inútil. 
El descontento era unánime entre los de la etnia Inca que veían en Urco un jefe depravado y amilanado. Apo Maita, nieto de Cápac Yupanqui, ideó una conspiración para eliminarlo; pero temeroso de las represalias que desataría Huiracocha se abstuvo; el viejo Inca apoyaba a su corrupto y torpe hijo debido a las intrigas de la ingeniosa madre de éste: Curi Chulpi, a quien amaba con obsesión.
Los chancas aprovecharon la coyuntura, emprendieron su marcha para embestir a los Anan y Urin del Cusco. Estacionaron su campamento en Vilcacuna, confiados en sus hazañas pasadas y seguros de que nadie iba a oponérseles. 
Huiracocha estaba convencido que todo acto defensivo era inútil; los chancas hasta entonces eran invencibles; además la etnia Inca vivía asediado por otros ayllus y señoríos vecinos. 
Inca Urco en vez de hacerles frente huyó hacia un escondite. La situación de muchos de los señores de las etnias ubicadas al Este y Sur del río Apurímac era una sola: Desesperados por huir ante el inminente peligro de ser arrasados por los chancas.
El desaliento fue enorme en el Cusco y mucho más cuando Huiracocha fue a buscar refugio en Chita, llevando a sus hijos Urco y Socso, que les faltaba talento y valor. 
Con los ánimos totalmente derrotados, dejaron desamparado su señorío, sin embargo, debió también influir para tal decisión la actitud de los sacerdotes, quienes para vengarse de las pequeñas reformas hechas por los Anancusco, estaban en conversaciones secretas con los chancas.
Cuando expulsaeron a los chancas gracias a la resistencia de Cusi Yupanqui y otros valerosos guerreros; la etnia Inca acordaron no consentir jamás la entrada del tímido y desvergonzado Urco al Cusco, pidiendo su destitución ipso facto. Urco entonces quiso justificar su conducta, pero nadie le creyó, hasta su mujer con la que tuvo hijos, lo abandonó, trasladándose al Cusco, donde Cusi Yupanqui la aceptó y admitió como una esposa más de su harén. Pero ante la insistencia del canalla prosiguió la guerra en forma cruel.
Urco al verse perdido, urdió una emboscada que debía cumplirse contra Cusi Yupanqui cuando estuviera de regreso al Cusco, emboscada comandada por el mismo Urco con gente que reunió en Yucay. Pero Cusi Yupanqui y sus generales, entre ellos Apo Mayta, les salieron el encuentro en el preciso instante que iban hacer asesinados, desbaratando a la gente de Urco en la batalla de Paca (río Tambo). En un choque cuerpo a cuerpo, Urco cayó desde un barranco al fondo del torrente, gracias a una certera pedrada lanzada por Roca, hermano de Cusi. Urco fue arrastrado por la corriente hasta Chuquillusca, seis Kilómetros abajo de Tambo. Allí fue cogido y luego matado, donde se le hizo pedazos, arrojando los trozos de su cuerpo al río. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Huiracocha

Hubo una enorme confusión para designar al nuevo Inca, cuanto gran parte de los hijos de Yahuar Huacac acababan de ser muertos. Pero pasado el estupor, dudas y debates; la propuesta de una mujer determinó que se estableciera como nuevo Inca a Jatun Topac. No era hijo de Yahuar Huacac, pero pertenecía al partido de los anan, lo que aseguraba la continuidad del supremo poder en el citado sector social. De todos modos fue una cosa aconsejable presentarlo como hijo para no dañar la imagen del señorío Inca. Así es como quisieron borrar las huellas de la sublevación y del magnicidio. 
El Cusco seguía siendo un pequeño cacicazgo minúsculo, rodeado de otros más extensos y poderosos que no disimulaban sus ansias expansionistas y hegemónicas. Entre ellos destacaban los reinos Lupaca, Colla
(Puno), Chanca (Apurímac), aparte de los de Chincha, Collique (Chancay), Chimor, Ayarmaca y otros.  
Jatun Topac recibió la borla con el nombre de Huiracocha (Wiragocha Inka), escogió ese nombre para afirmar su gobierno, como lo haría Atawallpa en 1532. Aseveraba haber soñado con el dios Ticsi Huiracocha, bajo cuya protección se puso durante el huarachico (rito festivo de la madurez del hombre). Con tal apelativo pretendía  dar fuerza y renombre a su reinado, aparentando ser pariente del gran dios. A dicha ceremonia aparecieron la integridad de los jefes de los ayllus y señoríos que ya tenían conquistados. Incluso concurrió como invitado especial el rey de jatuncolla: Chuchi Cápac.
Tomó como cónyuge principal a Mama Runto, hija del señor de Anta, en quien engendró, entre otros, a Cusi Yupanqui (Pachacútec), que fue el tercero en nacer y a Cápac Yupanqui. Mama Runto a causa de su carácter cordial no podía influenciar sobre su marido a diferencia a otras mujeres secundarias que sí lo hacían. Entre ellas: Curi Chulpi, del ayllu Ayavilla (Sahuasera), en la que procreó a su hijo Urco, joven al que Huiracocha le tenía un entrañable afecto; Huiracocha no daba ninguna preferencia a los vástagos de su esposa principal. 
Conquistó Yucay y Calca, que los anexó con facilidad. En Calca mandó erigirse un cómodo y hermosa residencia; pero no pudo imponer una férrea autoridad. Tuvo que hacer frente a una pequeña irrupción de Pocoy Pacha (Pisaj) a 18 Kilómetros del Cusco. Logró dominar los motines de los pinaguas de Muyna, a los que se plegaron Rondocancha y Casacancha. Después sofocó los ataques de los ayarmacas y guayparmarcas, todo gracias a la labor represiva de los estrategas Vicaquirao y Apo Mayta. Son hechos que demuestran la evasiva de aceptar la presencia y superioridad que iba adquiriendo poco a poco la etnia Inca. Cuando ocurrían estos acontecimientos, con el propósito de adueñarse del mando, un hermano del extinto Yahuar Huacac tramó una conjura en el templo del Sol en complicidad de los Urincusco. Asesinaron al incap rantin (sustituto del inca ausente); pero ante el escaso apoyo de la población, el conspirador pensó que lo mejor era suicidarse ingiriendo un veneno. 
Para Huiracocha fue una permanente inquietud la contradicción del Inca de Urin, a cuyo cargo corría el templo Solar y que desde Inca Roca había perdido la jerarquía política y militar. Huiracocha decidió resolver este problema designando él mismo a los sumos sacerdotes, aunque siempre sacándolos del ayllu Tarpuntae (Urin), previa comprobación de lealtad. Esto dio motivo para que el sacerdocio, con la idea de hacer prevalecer sus opiniones, llegara a confabularse con los chancas, quienes amenazaban con invadir y conquistar no sólo a los ayarmacas sino también a la etnia Inca. 
A pesar de las amenazas de invasión Huiracocha dirigió la edificación de nuevos aposentos, aumentó las tierras de cultivo y la manufactura de textiles, productos que necesitaba para compesar los servicios de sus guerreros, servidores, amigos y parientes. Agrandó las arboledas y puso gran cuidado para que los trajes de la nobleza tuvieran tocapus (adornos geométricos de índole simbólica). 
Conquistó a los Canchis tras débil resistencia; en Cacha hizo construir un templo dedicado al dios Ticsi Huiracocha Pachayacachi; mientras tanto los collas y lupacas se fortalecían en sus sedes, sin enfrentarse mutuamente unos a los otros por muto temor. Pero Huiracocha apoyaba a los lupacas; hizo un viaje y visitó a éste último reino aymara, durante cuyo tiempo dejó en el Cusco a Urco en calidad de incap rantin. Y llegó al reino libre de Jatuncolla (o Colla), al que lo halló esta vez en guerra con los lupacas, llegando a ganar éstos. Asegurándose la amistad y confianza de ambos estados volvió al Cusco. Quedaron establecidas las relaciones pacíficas con los collas y lupacas. 
A su retorno del Collasuyo, entrado ya en años, fue entonces que decidió descansar y retirarse a su mansión de Calca; Huiracocha designó a Urco su sucesor otorgándole la Mascaipacha; en tanto que su hijo Socso o Sucso fue señalado como jefe del linaje de Huiracocha: Sucso Panaca.
El Cusco continuaba siendo un pequeño señorío, circundado de otros más poderosos; el gran problema del Cusco era la amenaza permanente de los chancas, los cuales ya habían anexado otros pueblos y se iban expandiendo cada vez más. Por el Este sus fronteras llegaban ya al río Apurímac, donde esperaban la coyuntura apropiada para invadir a los ayarmacas e incas del Cusco, con el deseo de incorporarlos a sus dominios. 
Su cuerpo fue enterrado en su residencia de Cakia Xaquixaguana, dicho cuerpo de este Inca fue profanado y quemado por Gonzalo Pizarro que robó sus ofrendas funerarias y tesoros; Polo de Ondegardo encontró solamente las cenizas de su cuerpo con su ídolo llamado Inga Amaro.

Yahuar Huacac

Según la versión de los anales cusqueños, el que sucedió a Inca Roca fue su hijo Tito Cusi Huallpa (Titu Kusi Wallpa), el cual al tomar el mando ya adulto, se puso el nombre de Yahuar Huacac (Yawar Waqaq), en alusión a sus lágrimas de sangre, es decir a una conjuntivitis aguda que había padecido. 
En su corto reinado conquistó muy pocos ayllus, entre ellos al de Viccho. Desde un principio tuvo que hacer frente a un alzamiento de los pinaguas (Muyna), que se sublevaron con la ilusión de independizarse; pero fueron contenidos rápidamente por la estrategia de Vicaquirao; que se convirtió en su brazo derecho; desde entonces para asegurar sus posesiones colocaron guarniciones de control, lo que significaba conquistar y anexar, con el objetivo de mantener o conservar lo ganado por sus antecesores. 
Pronto de apoderó de algunas tierras más de los cuntis, gracias siempre a la habilidosa táctica de su hermano Vicaquirao. No tuvo problemas con los ayarmacas debido a su alianza matrimonial con Mama Chiquia. Con la misma finalidad tomó esposas en otros ayllus. 
De los hijos con Mama Chiquia, escogió a Paguac Huallpa para sucederle en el mando. Pero esto no agradó a los huallacanes, quienes preferían y proponían a Marcayuto, vástago procreado con una mujer oriunda de Huallacán y para hacerlo realizaron un ardid. Invitaron a Paguac Huallpa a visitar Huallacán, lo que Yahuar Huacac aceptó, enviando a su hijo correinante pero acompañado y escoltado con 40 guerreros con la orden expresa de matar a quien sea en caso de hacerle algún daño. Los huallacanes les tendieron una emboscada matando a Paguac Huallpa y a los 40 de su séquito. Yahuar Huacac, en represalia, mandó arrasar el pueblo de Paulo, sede principal de los huallacanes, masacrando a los conspiradores. 
Planeo una expedición al Collasuyo; pero se frustró debido a la sublevación de los cuntis, que estaban muy fastidiados con las mitas (turnos de trabajo) que les imponía el inca para que le generaran excedentes destinados a mantener a los nobles del Cusco. La inserrución de los cuntis fue impetuosa; aprovechando una fiesta atacaron el Cusco por lo que Yahuar Huacac tuvo que buscar refugio en el Inticancha. Pero fue atrapado y herido en la cabeza y asesinado junto a varios de sus hijos en la misma puerta de tan sagrado recinto (Inticancha). En el Cusco se produjo uno de los más grandes desconciertos y calamidades que sólo calmaron cuando una tempestad cayó inesperadamente. Tomándola como un presagio providencial, los cuntis retornaron a sus tierras sin causar más daño a la etnia Inca.
Yahuar Huaca fue victimado sin dejarle tiempo para que hiciera levantar su casa familiar; pero su linaje fue agrupado después en la panaca de Aucaylli. Los chancas utilizaron el incidente y avanzaron otra vez hasta el Apurímac. 
La consumación de este regicidio demuestra una vez más cómo el señorío Inca del Cusco carecía todavía de la firmeza necesaria y estaba amenazado por latentes guerras y complot, al extremo que la etnia Huallacán linchó al auqui (príncipe) Paguac Huallpa, y los cuntis al propio Inca y en el mismísimo Inticancha. Es que el Cusco vivía rodeado señores y reyes más poderosos.
Aunque su cuerpo e ídolo no fueron encontrados, el cronista Bernabé Cobo refiere que se hallaron en el pueblo de Paulo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Inca Roca: La restauración de la diarquía

Con la muerte de Cápac Yupanqui se inició el encumbramiento de los anancusco. Estos asaltaron el templo del Sol (Inticancha). El complot tuvo éxito y proclamaron inca a uno de su parcialidad: Inca Roca (Inca Roq´a); entre sus primeras medidas que tomó de inmediato es tomar como esposa a Cusi Chimbo, viuda del extinto Cápac Yupanqui, a quien mató haciéndole beber una pócima, hecho probatorio de que los dos tramaron su asesinato.
Inca Roca no ocultó sus medidas ambiciones; restauró el sistema político de Taipicala, recuperando la jefatura de los anan, interrumpida desde aquel año nefasto en que los invasores aymaras destruyeron el Estado Puquina (Tiwanaku), dando muerte al rey de Anantaipicala. Dividió los poderes en tal sentido que el jefe inca de la facción de Urin quedó sólo a cargo del sacerdocio del Sol, con su residencia fija en el Inticancha. Los incas de Anan retomaban bajo su control la actividad civil, política, judicial y militar. Dos incas, pero el de Anan con más potestad que el otro, dejándolo simplemente para fines religiosos, salvo en ciertas ocasiones en que podía sustituir al de Anan. De ahí por qué Roca es el primer jefe de la etnia Inca que aparece oficialmente ostentando el nombre de Inca.
Los  incas restauraban lo que sus antepasados puquinas de Taipicala, una diarquía o dos jefes: Uno de Anan y otro de Urin. Por esa razón Inca Roca abandona el Inticancha, dejando esta residencia para el sumo sacerdote.
Se lanzó a la conquista de la etnia Masca (Paruro), aliada de los Urincusco. El rey Masca Cusi Huamán, fue apresado y confinado al Cusco. Derrotó a los pinaguas (Muyna), dando muerte al sinchi Muyna Pongo; en tanto el otro sinchi, Huamán Topac, fugó sin saberse a dónde; después incursionó por Quiquijana y conquistó Caitomarca a 30 Kilómetros siguiendo la ruta sureña, territorio que lo perdió pronto por el error de no dejar guarniciones. 
Por entonces los Chancas ya estaban en la márgenes del Apurímac, esperando la coyuntura para abalanzarse sobre el reino de Ayarmaca (Anta-Jaquijaguana). Sin embargo fueron paralizados por Inca Roca que los detuvo gracias al auxilio de tropas mercenarias que contrató en Canas y Canchis, etnias libres y distintas a la etnia Inca. Años más tarde incursionó por el Este, hacia Paucartambo, sólo deteniéndose ante la floresta de la ceja de selva. Su desacierto, como el de sus antepasados, era invadir y conquistar, sin dejar guarniciones de inspección y vigilancia para apuntalar sus adquisiciones. Avanzó poniendo en fuga a los chancas, siendo posible que haya incursionado hasta Andahuaylas, pero sin ninguna resonancia política y militar de importancia. Sin embargo todas ellas no pasaban de ser expediciones de saqueo, sin preocuparse de anexar estos territorios; pero si tenía éxito afianzando su poder frente a los Urin.
En vista de que Inca Roca abandonó el Inticancha se hizo edificar su propio aposento en Anancusco. Estableciéndose a partir de entonces el hábito de que cada Inca construyera su residencia personal, no heredando ni ocupando la de su antecesor. Los incas de Urin, por el contrario, uno tras otro seguían viviendo en el Inticancha, de conformidad al rol que cumplían.
Mejoró la Llacta (ciudad) canalizando el Huatanay y disponiendo la apertura de canales para la conducción de agua limpia para el abastecimiento de los cuatro barrios. También se preocupó para que a los muchachos y jóvenes de la élite, como en la vieja Taipicala, se les instruyera en el arte de las armas, manejo de los quipus (nudos y cuerdas para los registros de contabilidad), conocimiento del idioma y de su historia étnica, incluyendo sus mitos y leyendas. Tomó como esposa principal a Mama Micay, hija de Soma Inca, jefe de la etnia Huallacán (Paulo/Yucay), de cuya unión nació Tito Cusi Huallpa (Yawar Huacac).
Pero como previamente Mamay Micay había estado prometida al rey de Ayarmaca,éste despechado declaró la guerra a los huallacanes. Luego de algunos años de hostilidades pactaron la paz bajo la condición de que los huallanaces entregaran al niño Tito Cusi Huallpa a los ayarmacas. Para ello tejieron un ardid: Invitaron al niño a visitar Huallacán, terruño de su progenitora, donde fingiendo un descuido, lo dejaron raptar por los ayarmacas, llevándoselo al pueblo de Amaro. Cuando  Tocay Cápac ordenó matarlo, el niño lloró con excesivo sentimiento, al punto de caerle hasta lágrimas de sangre según la leyenda. Enternecido el Cápac de los ayarmacas, le conmutó la pena mandándolo a pastorear sus rebaños. De donde para su seguridad, lo condujeron al pueblo de Aguayrocancha, capital del Estado Ayarmaca. Inca Roca por su parte no se atrevía atacar y rescatar a su hijo temeroso de que lo mataran en represalia. 
Todo esto indica que el señorío o curacazgo de los incas seguía siendo pequeño y débil, en comparación con los pujantes y activos ayarmacas. Un año permaneció allí el pequeño, hasta que Chimbo Orma, mujer de Tocay Cápac e hija del señor de Anta, que le había tomado cariño tramó con los parientes de su etnia un plan para liberarlo. Alertados los ayarmacas los persiguieron hasta la laguna de Guaypón (cerca a Chinchero), donde fueron derrotados en una escaramuza. De allí fue devuelto al Cusco, donde joven ya, fue designado correinante con su padre: Una manera de investir al futuro sucesor y también una táctica para evitar las luchas por la sucesión. Lo realizado por los Anta fue considerado un gran favor hacia los incas, por  lo que les dieron el trato de hermanos. Años después, para poner punto final a los líos con los ayarmacas, se pensó en un intercambio de mujeres: Mama Chiquia, hija de Tocay Cápac, fue cedida a Tito Cusi Huallpa (Titu Kusi Wallpa); mientras que la ñusta (princesa) Curi Ocllo, hija de Inca Roca, fue dada como esposa al rey de los ayarmacas. Así fue que Inca Roca incrementó su poderío. Otro de sus hijos famosos fue Vicaquirao, brillante en la conquistas de años posteriores. En su tiempo también nació Apo Mayta, otro guerrero ilustre.
Inca Roca, hombre que tuvo don de mando y que gobernó con mano dura a su etnia, dejó bastante descendencia, la que recibió el nombre de Vicaquirao Panaca. Su cuerpo fue hallado en el pueblo de Rarapa, junto a su ídolo de piedra que lo representaba.


Cápac Yupanqui

Cápac Yupanqui fue hijo de Curu Yaya, hermana de Mayta Cápac, era sobrino de este Inca y primo de Tarco Huamán. Dadas las condiciones de la etnia Inca, tuvo que implementar una adminstración severa, durante su gobierno realizó una serie de asesinatos; como primera medida hizo matar a nueve hermanos de Tarco Huamán, con el objetivo que ninguno de ellos sean potenciales rivales para asumir el cargo de Inca; a otros los obligó a jurarle lealtad y a un tercer grupo los expulsó del Cusco.
Por entonces el pequeño señorío ya había adquirido una apreciable fuerza. Por tal motivo realizó un plan de expediciones y conquistas. Con tal fin tuvo dos enfrentamientos con los cuntis. Pero éstos se adelantaron y no perdieron tiempo en lanzarse a un ataque sorpresivo. Se realizaron dos combates, que acabaron con el triunfo de Cápac Yupanqui, que ocupó y recorrió parte de las tierras de los cuntis. Recibió una embajada enviada por los capaccuracas (reyes) de la etnia Quichua o Quechua (actual Abancay), pidiendo ayuda a la etnia Inca contra los poderosos Chancas de Andahuaylas que los amenazaban con invadirlos y anexarlos a su Estado; el hecho sirvió para que los Anan y los Urincusco se prestigiaran.
Por esos años los Chancas por el norte y los Collas por el sur agrandaban sus posesiones con victorias conquistas; sobre todo los primero que ya constituían un Estado poderoso; en cambio el pueblo de Cápac Yupanqui seguía siendo un pequeño señorío. 
Este Inca conquistó las etnias Cuyo y Anca, a 22 Kilómetros del Cusco; nombró como Tucricut (gobernador) para Cuyo a Tarco Huamán, con el encargo expreso de enviar a Cápac Yupanqui cada año  mil jaulas de pájaros de la selva y de la puna; las avecillas eran necesarias para quemarlas en los ritos propiciatorios antes de marchar a las campañas bélicas. 
Al incrementar su poder expansivo, el jefe de los ayarmacas buscó su alianza, dándole como esposa a su hija Curi Hilpay, la que fue agregada a su harén. Cusi Chimbo, otra de sus esposas, enceguecida por los celos y las pasiones envenenó a Cápac Yupanqui, cuya muerte motivó una crisis política en la entina Inca. Cusi Chimbo fue utilizada como instrumento de un complot por el entusiasta y convulsivo inca Roca. El caos fue aprovechado por los Chancas quienes invadieron el señorío Inca. Con Cápac Yupanqui acabó el predominio de los Urincusco.
Antes de morir Cápac Yupanqui había manifestado que su sucesor fuera Quispe Yupanqui; pero éste fue muerto en las guerras de sucesión y su nombre fue borrado de la historia oficial por los anancusco de la etnia Inca. Cápac Yupanqui fue el último gobernante de los urincusco que vivió en el Inticancha. Sus descendientes formaron la panaca Apo Mayta. 

 

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